Por: Fernando Núñez de la Garza Evia
Plaza Cívica
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MONTERREY NL 11 DE MAYO DE 2025.- El expresidente López Obrador era un político autoritario con mucha autoridad. Sin embargo, su discípula y actual presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, está en el peor de los mundos. Porque ostenta el mismo autoritarismo que su padrino político, pero tiene muy poca autoridad política.
Comenzó sin autoridad y mucho indica que terminará sin ella. Jorge Castañeda señala que desde José López Portillo y hasta Felipe Calderón, el promedio de funcionarios públicos del gabinete ampliado que repitieron fue de cuatro; con Claudia Sheinbaum fueron al menos trece. Por otra parte, la agenda política autoritaria anunciada el 5 de febrero de 2024 por López Obrador ha sido la agenda puntual de la presidenta. Y si alguien cree que los nuevos nombramientos representan un rompimiento, que lo piense mejor: muchos de ellos han sido en puestos menores (Nadia López en la SEP), otros resultan intrascendentes (Roberto Velasco en la SRE) y en otros más están políticos lópezobradoristas (Ariadna Montiel en Morena, Ignacio Mier en el Senado). Muchos fueron previamente consensuados: “Ya hablé con quien tenía que hablar”, respondió Adán Augusto al salir de Palacio Nacional para, posteriormente, dejar la coordinación.
El desdén de la propia clase política de Morena y de sus partidos aliados ha persistido hasta hoy. Los lobos políticos le tomaron la medida a la jefa de Estado cuando se inclinó para besarle la mano a Manuel Velasco en plena toma de protesta presidencial: “Me besó en una mano, regresé (el beso)”, dijo ella. “Algo natural”, declaró. Quinientos años antes, el escritor florentino Nicolás Maquiavelo escribiría que “los hombres tienen menos reparo en ofender a quien se hace amar que a quien se hace temer”. Con una coalición política tan vasta y tan poco institucional, los desafíos a su autoridad no se han hecho esperar: el propio Manuel Velasco retrasó su reforma para combatir el nepotismo hasta 2030; Ricardo Monreal se ha dedicado a diluir innumerables reformas presidenciales hasta el punto de la insipidez; y los desplantes de Adán Augusto han sido notorios. Nunca le habían dado la espalda a un jefe de Estado, y peor aún en un evento masivo. “Estaban distraídos”, declaró la presidenta.
¿Puede una jefa de Estado tan débil meter en cintura a los poderes fácticos que han rebasado al propio Estado que lidera? Un problema significativo es el debilitamiento del Estado mexicano ante las reformas de Morena: ahí están los recortes presupuestales, la desaparición de organismos autónomos y la captura de poderes e instituciones. ¿Quiere la presidenta combatir la corrupción? Imposible ante la desaparición del INAI y la falta de transparencia. ¿Quiere combatir la inseguridad? Imposible ante la desaparición de la Policía Federal y el traspaso de la responsabilidad a las Fuerzas Armadas, donde un 80% de los miembros de la Guardia Nacional son militares y estos representan un cuasi-Estado dentro del mismo Estado. ¿Quiere romper con el capitalismo de cuates? Imposible ante la desaparición de los organismos autónomos y la captura del Poder Judicial. La presidenta no cuenta con las herramientas para hacer valer su autoridad. En muchas ocasiones, tampoco la quiere hacer valer.
Tenemos a una jefa de gobierno con pocos instrumentos para ejercer el gobierno. Una jefa de Estado con poca autoridad política. Y por ello, la ingobernabilidad en el país se vuelve cada día más evidente.
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