Costosos aliados
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Costosos aliados

Ensenada BC - viernes 23 de enero de 2026 - El Vigía.
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ENSENADA BC 22 DE ENERO DE 2026.-En Baja California, donde el morenismo se volvió gobierno desde 2019 y sus aliados aprendieron a vivir cómodamente a su sombra, la anunciada reforma electoral comienza a preocupar a más de uno y no todos saben nadar sin salvavidas.

Porque mientras en Palacio Nacional se habla de “austeridad democrática” y de ajustar el gasto público en partidos y legisladores, en el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) -que en el estado han prosperado más como franquicias electorales que como fuerzas con identidad propia- ya deben estar sacando cuentas con lápiz y calculadora.

No es poca cosa. En los últimos años, gracias a ir pegados al logotipo de Morena, ambos partidos pasaron de ser actores secundarios a beneficiarios plenos del sistema, pues ahora reciben más prerrogativas, más diputaciones, más oficinas, más asesores y más recursos. 

En Baja California eso se tradujo en espacios legislativos federales que difícilmente habrían ganado solos, aunado a una presencia política muy superior a su peso real en las urnas.

Pero ahora el escenario podría cambiar. Si se reducen los recursos públicos y los escaños plurinominales -esas curules que caen del cielo sin sudar campaña-, el golpe no será abstracto ni lejano, pues se sentirá directamente en los comités estatales, en las bancadas locales y en la nómina política del estado. 

Menos dinero significa menos estructura, menos operadores y menos margen para negociar candidaturas.

Por eso no sorprendió el lacónico “vamos a ver” de la presidenta Claudia Sheinbaum cuando le preguntaron si el PT y el Verde ya estaban amarrados para votar la reforma. 

Así que no está claro que los aliados estén dispuestos a aplaudir una iniciativa que les recorta el oxígeno.

En Baja California, donde Morena no necesita realmente a sus socios para ganar elecciones, el dilema es aún más incómodo.

¿Seguirán siendo aliados útiles o sólo aliados caros? ¿Valdrá la pena sostener partidos que, sin la coalición, volverían a su tamaño original?

La reforma electoral también exhibe una verdad incómoda, en el sentido de que el éxito del PT y el PVEM no ha sido ideológico, sino presupuestal.

¿Qué pasaría?

El debate sobre una eventual reforma electoral que reduzca el financiamiento público a los partidos políticos revela un ángulo poco discutido, que es el costo real de las alianzas electorales para el erario y los incentivos que han generado.
 
En particular, los aliados de Morena -el PT y el PVEM- enfrentarían pérdidas millonarias que hoy explican buena parte de su resistencia a cambios en la ley.

Entre 2018 y 2026, ambos partidos no sólo consolidaron su supervivencia política, sino que transformaron su relación con el poder en un negocio altamente rentable. 

El PT pasó de recibir 236.8 millones de pesos en 2018 a 670.6 millones en 2026, un aumento de 183 por ciento. 

El PVEM incrementó su financiamiento de 368 millones a 832.1 millones de pesos, lo que representa un alza de 126 por ciento. 

En conjunto, obtendrán casi 900 millones de pesos adicionales en 2026 respecto de lo que recibieron en 2018.

Este crecimiento no se explica por un aumento proporcional de militancia, respaldo ciudadano o identidad programática, sino por su condición de partidos coaligados con la fuerza política dominante. 

La alianza con Morena no sólo les aseguró votos y posiciones, sino también mayores recursos por gasto ordinario y subvenciones legislativas.

El caso del PVEM en la Cámara de Diputados es ilustrativo: pasó de 15 diputados en la 64 Legislatura (2018-2021) a 62 en la 66 (2024-2027). 

Ese salto se tradujo en ingresos anuales que crecieron de 42.7 millones de pesos a casi 260 millones. 

El PT, aunque con menor expansión, pasó de 44 diputados en 2018 a 49 en 2024, con subvenciones superiores a 208 millones de pesos anuales.

En el Senado, el PVEM duplicó su bancada de 6 a 14 senadores, mientras el PT se mantuvo en seis, confirmando que el crecimiento legislativo -y presupuestal- ha sido desigual, pero constante para ambos.

Bajo este contexto, una reducción de plurinominales o un cambio en la fórmula de financiamiento no es una simple discusión sobre austeridad o representación democrática, sino que es una amenaza directa a un esquema que ha permitido a partidos satélite acumular cientos de millones de pesos sin asumir los costos políticos de competir en solitario.

La pregunta de fondo no es si el PT y el PVEM perderían recursos -eso es evidente-, sino si el sistema debe seguir premiando alianzas electorales que convierten la representación política en una vía de transferencia presupuestal permanente. 

Una reforma que toque estos intereses no enfrentará resistencia ideológica, sino financiera. 

Y eso explica, en buena medida, la intensidad del debate, algo de lo que nunca hablan Ricardo Monreal, Adán Augusto López Hernández y Gerardo Fernández Noroña, los tres mosqueteros del obradorismo.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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