La prudencia de hoy: Peña Nieto tenía razón
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La prudencia de hoy: Peña Nieto tenía razón

Tijuana BC - jueves, 4 de abril de 2019 - Marco Antonio Samaniego López.
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Por: Dr. Marco Antonio Samaniego López

TIJUANA BC 4 DE ABRIL DE 2019 .-El gran constructor del hoy presidente de México fue Enrique Peña Nieto. La ausencia de gobierno por cuatro años para limitarse a ser un administrador creo tal vacío que ante la propuesta de luchar en contra de la corrupción  fue suficiente para que cambiara  el régimen en términos del orden de los partidos políticos, aunque no necesariamente de régimen en México. 

Las referencias en contra de México y la idea ridícula de Trump de que México iba a pagar su muro, fueron parte de la imagen de debilidad que se destacó por parte de la oposición. Peña Nieto no respondió con entereza los vituperios de un buscador de culpas en el exterior, con la idea de diseñar un proyecto con claros tintes fascistas. Los de afuera son los culpables de los males de los buenos estadounidenses que consumen drogas porque los capos los traen, pero  de no traerlas no serían consumidas. Idea fácil y sin mucho de fondo que se multiplica en la apreciación social de una  problemática con mayores  aristas. 

Para colmo de males, en plena campaña presidencial, el entonces candidato realizó una visita relámpago a nuestro país y el caldo se recalentó lo suficiente para que el secretario de Hacienda, quien realizó el enlace, dejara su cargo. Poco después regresó a relaciones exteriores para aprender a ser canciller, como él mismo lo manifestó.  La relación de Videgaray con el yerno de Trump, fue la clave. Qué aprendió o no en el curso intensivo, quien sabe, pero fue secretario dos veces. 

En varias ocasiones, al ser cuestionado sobre los vituperios de uno de los presidentes que más realizan dicha práctica hacia el exterior, el interior, sus empleados, amigos, enemigos  y cualquiera que pase por enfrente, por detrás, por debajo o por arriba, Enrique Peña Nieto llamó a mantener la relación de cooperación. Incluso, en algún momento sacó de sus casillas a Trump cuando le dijo que México no pagaría nada por su muro. Era tan gris su gobierno que ni ese acto se le ha reconocido  con alguna mención perdida en un editorial pagado. 

Hoy, las caravanas migrantes  han dejado una huella muy clara en las contradicciones de nuestra relación con Estados Unidos. El uso del territorio mexicano de manera clara y pública, como un espacio de tránsito  para llegar a la frontera y pedir asilo en Estados Unidos ha generado tal tensión que  el tema del muro reaparece con fuerza. Una declaración de estado de emergencia sustentada en una crisis humanitaria que se vive en el límite de los dos países.  Cientos de hombres, mujeres y niños,  hacinados bajo un puente, con la amenaza de que en cualquier momento se puede generar un conflicto por la imposibilidad de la patrulla fronteriza de contener  a tanto migrante. 

 Y de un momento a otro, Trump dice que tiene parte del dinero para el muro y  amenaza con cerrar la frontera.  Todos se quedan de un lado o de otro, quien sabe por cuánto tiempo.

Es más importante la seguridad que el comercio, dice. La respuesta de sus propios connacionales es que sería un daño de tal magnitud que implicaría perder más de un millón de empleos en unos cuantos días. La proyección no se alarga, sólo se refiere al corto plazo. Es decir, una afectación sin precedentes a la economía estadounidense y necesariamente a la de México. 

Y la fórmula de Peña Nieto se aplica. No  contestar, no engancharse, es más,  decir que con todo respeto se le respeta. México no dice nada. Trump puede decir lo que quiera, acá se aplica una estrategia inteligente, dice Marcelo Ebrard, que es ser prudente, es decir, que los contrapesos creados en Estados Unidos actúen y nos ayuden a que vuelva la  calma. 

 Y luego de una aparente tormenta al publicarse las cifras de los daños a la economía, agricultores  y empresarios industriales han hecho su trabajo, demostrar lo descabellada  que es una de las varias ideas descabelladas que ha tenido Trump. La fórmula de Peña Nieto, quien logró renegociar el acuerdo comercial, funcionó. 

De este lado, calladitos. Prudentes. El viejo dicho de calladito te ves más bonito se aplica.  No te metas,  que no se escuche ni una mosca.  La idea que tuvieron algunos de ponerse al tú por tú, y que AMLO sí lo iba a hacer, pues siempre no. Los que reclamaron a Peña Nieto, hoy alaban su fórmula.  

Marcelo Ebrard tiene una ruta que seguir, esperemos que en otros temas y en la extensa agenda, sí existan propuestas de nuestra parte.

Marco Antonio Samaniego López.  Doctor en historia por el Colegio de México.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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