Alabados sean nuestros inmigrantes
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Alabados sean nuestros inmigrantes

TIJUANA BC - lunes, 12 de noviembre de 2018 - Javier Iván Maldonado Preciado.
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POLITEIA
Por: Javier Iván Maldonado Preciado
javiermalpre@gmail.com

TIJUANA BC 12 DE NOVIEMBRE DE 2018.- La migración es uno de los fenómenos más antiguos y naturales de la humanidad, ocurre desde hace más de 2000 años. Sin embargo, a la fecha me resulta repulsivo asumir que en el actual modelo político-económico exista gente que deba irse de sus países de origen, para buscar una mejor calidad de vida.

Entendemos migración como la acción mediante la cual una persona o un grupo de personas (emigrantes) se desplazan de un lugar a otro, cambiando su lugar de residencia. Esta puede darse dentro del mismo país (migración interna), generalmente de una zona rural a una urbana o bien, hacia una nación distinta (migración internacional). Dos propiedades caracterizan principalmente el fenómeno migratorio:

a) Los emigrantes cambian su lugar de residencia, a partir de una necesidad o la búsqueda de un objetivo en particular. Esto puede deberse a factores políticos (escapar de una persecución política), sociales (buscando una mejor calidad de vida), medioambientales (debido a un desastre natural) y el más común hoy en día: económicos (buscando mayores oportunidades laborales, estudios o desarrollo profesional), por citar solamente algunos ejemplos.

b) Migrar conlleva una pérdida de identidad cultural. Al estar en un lugar distinto al de su origen, los emigrantes adoptan nuevas costumbres y creencias, perdiendo esencia de su cultura propia.

Habiendo entendido lo anterior, abordaré el caso de la caravana centroamericana que actualmente se desplaza hacia nuestras fronteras con Estados Unidos, sentenciando que –en términos de cantidad– 7,000 migrantes no representan peligro alguno para un país con más de 120 millones de habitantes. Por sus antecedentes de trabajo, los inmigrantes generalmente se emplean en el campo o en la parte baja de la “estratificación ocupacional”, similar al desempeño de nuestros connacionales en los Estados Unidos de América (primera potencia mundial, que se ha construido a base de inmigrantes).

Señalo lo anterior, en relación al tenso ambiente que recientemente se vive en redes sociales, donde miles de mexicanos manifiestan su preocupación por perder sus empleos, a raíz de este fenómeno migratorio. Sin embargo ¿qué sectores de nuestra sociedad se oponen a la migración internacional? De acuerdo con la encuesta “Caravana Migrante” de Consulta Mitofky, el 51.4% de los mexicanos se encuentra a favor de ayudar y proteger a los inmigrantes, mientras que un 33.8% se posiciona en contra. Quienes manifiestan su apoyo a la propuesta son mayoritariamente personas del sexo masculino, habitantes de zonas rurales y gente de un nivel económico bajo, mientras que quienes se oponen a esta política son sectores autodenominados como de clase media, generalmente residentes de la zona occidente o bajío del país, de acuerdo con los estudios de Roy Campos.

Sin embargo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 40% de nuestra población pertenece a la clase media, mientras que un 70% afirma pertenecer a esta, es decir, 30% de estos se adhieren imaginariamente a esta condición económica. Es la inmensa mayoría de este 30% quien apoya las narrativas meritocráticas o individualistas.

Los principales argumentos de quienes están en contra de la caravana migrante son que su presencia puede provocar inseguridad, desempleo para los mexicanos o que tienen incertidumbre sobre qué tipo de personas son, además de factores como la sobrepoblación y hasta “por egoísmo”. Pero todo esto solo es resultado de la xenofobia, el clasismo y el racismo, prejuicios sobre los migrantes. De acuerdo con el propio INEGI, 17% de los inmigrantes que nuestro país aloja son provenientes de Centroamérica, mientras que un 13% provienen de Europa. La diferencia es mínima, sin embargo, el miedo, el pánico, las expresiones racistas se centran sobre los propios latinos.

En realidad, lo anterior obedece a un presunto atentado contra nuestro nacionalismo mexicano. Me explico: en México vivimos un proceso de “mestizaje aspiracional”, como lo define el investigador Patricio Solís. Es decir, que estamos –imaginariamente– transitando por un proceso de “blanqueamiento” de la población y el éxodo migrante del sur no hace más que afectar el proceso, de ahí que nuestras críticas más feroces se centren en los inmigrantes de piel morena y no en contra de la comunidad europea. Curiosamente, los migrantes europeos suelen tener mayor profesionalización y experiencia laboral que los centroamericanos, por lo tanto, son ellos quienes brindan mayor competencia laboral a la clase media.

Habrá quien replique mis afirmaciones sentenciando que mi análisis es erróneo, debido a que los inmigrantes haitianos que se alojan en Tijuana no padecieron la misma discriminación, pese a sus rasgos raciales, sin embargo, la sociedad bajacaliforniana está acostumbrada y convive en un ambiente multicultural, fruto de su propia geopolítica. Por lo anterior, no es de extrañarse su madurez en los temas migratorios, sin dejar de mencionar que nuestros hermanos de Haití sufrieron el colonialismo francés hasta principios del siglo XIX, adoptando diversas costumbres europeas, tales como el idioma, lo cual fue recibido con particular interés entre la población.

En general, los migrantes tienen una excelente percepción en el noroeste y noreste del país, ya que, ante el planteamiento del Presidente electo de ofrecerles empleo temporal, el 70.1% y 57.7% (respectivamente) se posicionan en favor de la medida. Los argumentos de quienes se encuentran a favor del paso de la caravana migrante son el humanismo, la solidaridad, exigirle al Presidente Trump el mismo trato a los mexicanos y el brindar oportunidades.

Al igual que los haitianos, los inmigrantes centroamericanos no ocuparán el lugar de un mexicano, por ejemplo, en el seguro popular ni mucho menos el empleo de un profesionista, por el contrario, la amarga realidad es que a lo más que aspiran es a un servicio médico o un empleo precario, con el cual reconstruir su vida en el corto plazo, en el peor de los casos para los xenófobos, pues el objetivo inicial de los miembros de la caravana migrante es instalarse en Estados Unidos, aunque en Baja California sabemos ya el desenlace de esta historia.  

Como reflexión final, podemos señalar que los miembros de la caravana son mayoritariamente personas trabajadoras, quienes se ven obligadas a desplazarse miles de kilómetros lejos de sus residencias, buscando mejorar su cruda realidad, pero lo justo sería que sus países de origen les ofrecieran condiciones dignas, de tal forma que no deban contemplar siquiera el escenario de emigrar, en ese sentido, coincido con Tonatiuh Guillén López, el próximo titular del Instituto Nacional de Migración, quien ha afirmado recientemente que los países natales de los inmigrantes son el origen y no solo parte del problema.  

También considero que no podemos exigir respeto y trato digno para nuestros paisanos inmigrantes en Estados Unidos, mientras violentamos los derechos y dignidad de la caravana migrante, pues son estas narrativas las que fortalecen y dan vida a los personajes más siniestros de la vida pública, tanto en el plano nacional como internacional.  

Pobre México. Tan lejos de la integración internacional y tan cerca de los Estados Unidos.

Javier Iván Maldonado Preciado es egresado de la Licenciatura en Administración Pública y Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Baja California, campeón nacional de investigación política y ex Presidente del Parlamento de la Juventud del Estado de Baja California.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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