Trump y la estrategia del caos
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Trump y la estrategia del caos

México - martes, 5 de junio de 2018 - ALICIA FUENTES.
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MÉXICO 5 DE JUNIO 2018 (LA SILLA ROTA).-La idea de Donald Trump de reducir el déficit comercial que Estados Unidos tiene con otros países y de centrarse en la política interna para convertirla en política exterior ha transitado de ser un lema de campaña a órdenes ejecutivas para imponer tarifas arancelarias y para retirarse de acuerdos multilaterales. Sin embargo, lo que hoy en día parece más una obsesión personal de Trump y de su administración está llevando a algo más que a una guerra comercial.

La implementación de una estrategia aislacionista con el deliberado propósito de destruir para recomponer y en donde los aliados son tratados como adversarios y los adversarios inesperadamente ven ganancias potenciales en el río revuelto, ha hecho que el saldo de la actual política exterior estadounidense sea un caos internacional en el que ningún país sabe cómo posicionar sus objetivos más vitales frente a Estados Unidos.

No se puede confiar en Trump
Por ejemplo, algunos líderes europeos reconocen que no pueden confiar en la política exterior de Trump. Su opción ante la retirada estadounidense de los acuerdos nucleares con Irán y de París es buscar aliados y mantener a los ya existentes para llenar el vacío dejado por Estados Unidos. Hasta el momento, la Unión Europea ha logrado articular una respuesta sólida frente a los embates estadounidenses en estos temas y ha sido recíproca en materia comercial. Sin embargo, Europa se encuentra en una encrucijada en la que se cuestiona, cada vez con más frecuencia, su unidad y su capacidad de renovación. En estas circunstancias la Unión Europea luce tan debilitada que difícilmente podría ser un contrapeso a los caprichos de Estados Unidos.

Mecanismo de presión

Otro ejemplo son aquellos países con los que Estados Unidos tiene una política bipolar como México, Canadá y Japón. En estos casos Trump ha confirmado que cuando se trata de negocios, las alianzas históricas pueden revocarse o ser utilizadas como mecanismo de presión o moneda de cambio.

En el caso de México, si bien la agenda de la relación bilateral incluye los temas de inmigración, aranceles al acero y el TLCAN, entre otros, resulta inusualmente raro que Trump no esté presionando, por ejemplo, para aumentar la inversión estadounidense en el sector energético mexicano y aumentar el comercio de energía en América del Norte. Cualquiera tendría la impresión de que los hidrocarburos de México podrían ser un elemento de presión o moneda de cambio en la negociación de otros asuntos. Pero esto en parte se debe a que desde hace tiempo, muy a pesar de Trump, los mercados energéticos de Norteamérica se analizan en un foro trilateral que tiene su dinámica propia y responden a las fuerzas del mercado.

La situación con Oriente y Asia

En Medio Oriente, región de suma importancia para el sector energético, la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán y la reimposición de sanciones económicas hace prever una reacción iraní en la región que pueda acrecentar la tensión en la zona. La presión económica y política que esto representa para Irán podría orillarlo a fortalecer más nunca el acercamiento comercial y diplomático con China y Rusia. A la tensión en Medio Oriente se le suma la abierta beligerancia que Israel ha manifestado por la presencia iraní en Siria y el frente abierto entre Arabia Saudita y Yemen, sin mencionar el papel de Turquía  y los crecientes intereses indios en la región.

En Asia, Japón y China están dispuestos a expandir su relación bilateral en el seno del Acuerdo de Asociación Transpacífica, aún con el abandono de Estados Unidos. Incluso, hoy en día están analizando la posibilidad de un nuevo acuerdo de seguridad con respecto a Corea del Norte.

Por su parte, China accedió a concertar un acuerdo para comprar más petróleo y gas natural a Estados Unidos como parte de una estrategia que, en teoría, podría aplazar la guerra comercial que se avecinaba por los injustos subsidios del gobierno chino y por las cuestionables prácticas sobre derechos de propiedad intelectual chinas. Sin embargo, hoy en día la cuestión sobre las prácticas comerciales desleales de China sigue sin resolverse. El anuncio de la semana pasada de que Estados Unidos restringirá las inversiones y las exportaciones de China en materia de tecnología, así como la amenaza de llevar a litigio de la OMC las prácticas chinas sobre propiedad intelectual, están llevando al límite la relación comercial.

Difícil gobernanza global

Por otro lado, el abierto desprecio de Trump hacia las cuestiones multilaterales está dificultado avanzar en la construcción de una verdadera agenda de gobernanza global, pues únicamente lo que Estados Unidos quiere impulsar está en la mesa: desarrollo de tecnología para la captura de carbono, energía nuclear y gas natural. Pareciera que a muchas instituciones multilaterales sólo les interesa mantener el status quo, ajustándose a los vaivenes de la política exterior estadounidense, más que atraer a Estados Unidos, pues el costo de traerlo a la mesa podría ser diluir lo poco o mucho que se ha alcanzado en una agenda global.

Trump ha dejado claro que todo podría subordinarse a otros objetivos de seguridad y comercio, hasta que el bolsillo de los estadounidenses se vea afectado. Tal es el caso de los aranceles al acero y al aluminio que desató la oposición de las empresas de ductos, de gas licuado y de petroquímica que utilizan acero no producido en Estados Unidos y a los cuales se les elevarán los costos de importación. O el caso del aumento de los precios de la gasolina en Estados Unidos la semana pasada, que desató una ola de protestas pidiendo a Trump que presionara a la OPEP para incrementar la producción de crudo y así reducir los precios del petróleo, y en consecuencia bajar los de la gasolina.

Paradójicamente, con la estrategia del caos de Trump, en la que se destruye para recomponer después, sus aliados han sido los más golpeados mientras que los adversarios tienen una ventana de oportunidad, y las instituciones multilaterales sólo esperan a que pase la tempestad. Confiemos que este caos no se alargue cuatro años más después de 2020.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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