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Tijuana BC - miércoles, 27 de diciembre de 2017 - Víctor Alejandro Espinoza.
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Transiciones
Por: Víctor Alejandro Espinoza

TIJUANA BC 27 DICIEMBRE 2017.- Desde que en 1931 los publicistas de Coca Cola le pidieron al dibujante Haddon Sundblom que creara un personaje para celebrar la Navidad, el éxito comercial fue arrollador. Coca Cola le solicitó al artista que propusiera un personaje cálido y bonachón que recogiera la tradición del obispo cristiano del siglo IV de origen griego Papá Noel o San Nicolás, pero que permitiera comercializar la imagen, primero para la marca de refrescos y que luego, después del éxito obtenido, se convertiría en el símbolo por excelencia de las celebraciones navideñas del mundo occidental. Desde entonces el color rojo con blanco y negro se le identifica con el periodo más festivo del año.

Para los sectores medios y altos de nuestra sociedad, la Navidad cada vez más se convierte en una fiesta pagana donde se trata de regalar lo que se pueda. Símbolo de ostentación y estatus, los regalos son los objetos más preciados en nuestra cultura comercial. La expresión “aunque sea un detallito” significa el poder demostrar el cariño que se tiene hacia una persona, en el mejor de los casos, pero en la mayoría de las ocasiones se trata de cumplir con el compromiso: así se regalen las cosas más absurdas e inútiles. 

El uso intensivo de las redes sociales ha permitido asomarse a las celebraciones navideñas de miles de personas. Como si estuvieran en competencia (que lo están), las fotos en el arbolito de su sala nos invaden. Todos son artistas, todas son las más bellas. Nos permiten asomarnos a la intimidad del hogar: las pijamadas son lo de hoy. Y aquí empiezo a escribir algunas apreciaciones que no son “políticamente correctas” y que harán enojar a mis amigas feministas. Las pijamadas las organizan entre mujeres, así como muchas de las actividades de estos días. 

No se diga de algunas acciones cruciales para llevar a cabo la fiesta: decoración y arreglos para la ocasión. Desde cómo colocar foquitos (que si van en el techo o en lugares peligrosos, aquí entra en acción la mano de obra masculina. Claro entre regañadientes y a nuestro ritmo), poner el arbolito: treparlo al carro o armarlo si es artificial, también es cuestión del género masculino. Las coronas en las puertas, las esferitas y otras piezas colgantes son distribuidas con milimétrica precisión. Hasta las perillas de las puertas lucen con campanas que suenan a la menor provocación. En esa misma dirección, la envoltura de regalos, es casi siempre, también una cuestión de género. Somos incapaces de hacerlo con esa destreza femenina. A lo mejor logramos cerrar la caja y forrarla aunque hayamos desperdiciado el papel; pero hacer el moño a partir de dos tiras de listón y unas tijeras nos resulta imposible. Esta semana me dieron lecciones de cómo poner el papel de china a una bolsita con el regalo. El resultado fue desastroso.

Hay otra actividad central que ha venido creciendo con la crisis económica: el intercambio. Ese se organiza semanas antes, aunque todo mundo decide comprarlo entre el 20 y el 24 de diciembre. Pero si te toca la tía de Los Ángeles a sufrir; ¿Qué le regalo? leggins? Sí es para el tío? Pues una botella y listo. Otro asunto es la cena navideña, en la que los platillos se reparten por igual entre familias, pero donde ellas son las que deciden y cocinan. Si uno va sin pareja, lo mejor es aportar una lana. Y claro, las bebidas corren a cargo de los hombres.

Ir de shopping, es para muchos una terapia. Así me lo han referido. Para otros, una jornada de sufrimiento donde la mayoría de las ocasiones solo servimos para buscar estacionamiento en los congestionados centros comerciales, para cargar las mercancías o para cuidar a los chamacos. Una persona muy querida ante el cuestionamiento de por qué no iba sola a sus compras, me dijo: “Una mujer no va sola de compras”. Sí, debe ser aburrido o faltará quien le diga que todo le queda muy bien. Ante tal respuesta pensé en otra máxima que reza: “Una mujer no va sola al baño en una fiesta”. 

Es práctica común en la frontera que quienes cuentan con visa se trasladen a realizar las compras “al otro lado”. La odisea anual es algo que irremediablemente se repite. Es como el calor en Mexicali, uno piensa que no volverá a haber esas temperaturas de 50º. C en agosto. Pues las filas de diciembre, son una pesadilla que regresa. Cuando piensas que todo terminó, que ya es 23 de diciembre y que de alguna manera sobreviviste; llega la terrible orden disfrazada de ruego: acompáñame al otro lado: ¿A qué? “Me faltaron unos detallitos”

Director del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx. Twitter: @victorespinoza_

Página WEB; www.victoralejandroespinoza.com 

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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