*.- En un hecho inédito hacen llamado a mandatarios
TIJUANA BC 8 DE ABRIL DE 2018 (AFN).- La totalidad de obispos de las ciudades fronterizas con Estados Unidos, junto con el Consejo de la presidencia del Episcopado Mexicano se pronunciaron en contra a la militarización en la línea divisoria ente los dos países.
El arzobispo de la Diócesis de Tijuana, Francisco Moreno Barrón indicó que se trata de un hecho inédito para la Iglesia católica, "estamos haciendo un llamado a los presidentes tanto de Estados Unidos como de México, así como a los habitantes de ambos países, sean creyentes en Jesucristo o no, a tomar conciencia de que tenemos que promover todo aquello que nos debe hacer buenos vecinos y amigos y evitar todo aquéllo que nos polarice porque eso puede traer consecuencias muy lamentables para todos".
De acuerdo al líder religioso, el documento que se hizo público, "resalta la dignidad humana, que los migrantes merecen respeto, y que las decisiones violentas o las amenazas nunca sin el verdadero camino para construir el progreso entre los pueblos, sino privilegiar el diálogo y el encuentro.
De manera que podamos cimentar un futuro para nuestros pueblos, no sólo Estados Unidos y México sino también para los países del continente latinoamericano".
La Declaración de 16 obispos de la frontera norte de México y del Consejo de Presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano encabezado por el cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara es titulado POR LA DIGNIDAD DE LOS MIGRANTES.
En el documento resalta principalmente que "sólo hay futuro en la promoción y defensa de la igual dignidad y de la igual libertad entre los seres humanos. La frontera entre México y Estados Unidos “no es una zona de guerra”, Al contrario, "esta zona está llamada a ser ejemplo de vinculación y corresponsabilidad. El único futuro posible para nuestra región es el futuro edificado con puentes de confianza y desarrollo compartido, no con muros de indignidad y de violencia".
El texto sigue exponiendo que: Por la dignidad de los migrantes y por la dignidad de todos los habitantes de nuestros países, proponemos consumir nuestras energías en la creación de otro tipo de soluciones. Soluciones que siembren fraternidad y enriquecimiento mutuo en el orden humanitario, cultural y social.
Los gobiernos mexicanos del pasado y del presente tienen una grave responsabilidad al no haber creado las oportunidades suficientes de desarrollo para nuestro pueblo pobre y marginado. Por eso, nuestra incipiente democracia tiene un enorme reto en el futuro próximo: escoger a quienes deben de realizar de manera honesta, sin corrupción e impunidad, un cambio histórico que ayude a que el Pueblo de México realmente sea el protagonista de su desarrollo, con paz, justicia y respeto irrestricto a los derechos humanos. Un camino que implica, también, no cerrarse sino abrirse a la dinámica del nuevo mundo global, cada vez más interdependiente y necesitado de solidaridad y cooperación.
Sin embargo, las carencias que tenemos los mexicanos no pueden ser justificación para promover el antagonismo entre pueblos que están llamados a ser amigos y hermanos. No es conforme a la dignidad humana y a las mejores razones y argumentos concebidos por hombres como Abraham Lincoln o Bartolomé de las Casas, edificar barreras que nos dividan o implementar acciones que nos violenten. Los migrantes no son criminales sino seres humanos vulnerables que tienen auténtico derecho al desarrollo personal y comunitario.
De ahí la defensa que la Iglesia hace a nivel universal, y de manera particular a través del trabajo que se realiza entre los pueblos hermanos: México y USA, con Centroamérica, el Caribe, Latinoamérica y Canadá, en esta necesaria atención a nuestros hermanos migrantes.