Por Alejandro Ramírez
CIUDAD DE MÉXICO CDMX 29 DE MAYO DE 2026 (AFN).- La Selección Mexicana afrontará este 30 de mayo una de sus últimas pruebas antes del Mundial de 2026 cuando enfrente a Australia en el Rose Bowl de Los Ángeles, un escenario cargado de simbolismo para el futbol mexicano en los Estados Unidos; el partido amistoso en Pasadena forma parte de la gira final de preparación del equipo de Javier Aguirre, que busca llegar con certezas futbolísticas y emocionales rumbo a la Copa del Mundo.
Después de la victoria 2-0 sobre Ghana en Puebla, el cuerpo técnico considera que el equipo comienza a encontrar ritmo competitivo, aunque todavía existen dudas en algunas posiciones y, sobre todo, en el funcionamiento colectivo ante rivales físicamente exigentes. Australia representa precisamente ese tipo de examen.
Los australianos llegarán al partido con una de las defensas más altas y fuertes que México verá en esta etapa rumbo al Mundial.
El mediocampista Edson Álvarez aseguró sentirse al 100 por ciento físicamente.
“Mi salida del club turco estuvo marcada por momentos complicados decidí someterme a una cirugía de tobillo en febrero para recuperarme a tiempo rumbo a la Copa del Mundo”, señaló.
Raúl Jiménez, uno de los líderes ofensivos del equipo, también se mostró consciente de lo que representa este cierre de preparación. El delantero insistió en que el grupo debe aprovechar cada partido como si fuera una eliminatoria, especialmente porque muchos jugadores todavía pelean un lugar definitivo en la convocatoria mundialista.
El partido ante Australia no será un amistoso cualquiera. El antecedente más reciente entre ambas selecciones terminó 2-2 en Dallas en 2023, en un encuentro donde los australianos complicaron seriamente al Tri con velocidad y juego físico. Históricamente, además, los llamados “Socceroos” se han convertido en un rival incómodo para México, especialmente en torneos oficiales como la Copa Confederaciones.
A nivel de ambiente, el encuentro promete sentirse como local para México. Se espera una entrada superior a los 60 mil aficionados en Pasadena, reflejo del enorme arraigo del Tri en California. El Rose Bowl, estadio histórico para la selección mexicana desde el Mundial de 1994 y múltiples Copas Oro, volverá a teñirse de verde.
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