Por Alejandro Ramírez
CIUDAD DE MÉXICO CDMX 1 DE ABRIL DE 2026 (AFN).- La edición 183 de la pasión de Cristo en Iztapalapa, con diversas representaciones, inició el pasado 29 de marzo y concluirá el 5 de abril; como cada año, se conmemora y celebra esta tradición que ya es patrimonio cultural de la humanidad.
Inició en 1843 o 1833, según fuentes locales tras una epidemia de cólera, consolidándose como una promesa al "Señor de la Cuevita".
El Viacrucis recorre unos 10 kilómetros por las calles de los ocho barrios, culminando en la escenificación de la crucifixión en el Cerro de la Estrella. Es gestionada por el Comité Organizador de Semana Santa en Iztapalapa A.C., y cuenta con un plan de seguridad, incluyendo la participación de miles de actores locales y personal de seguridad.
La representatividad comenzó con el relato de la resurrección de Lázaro, narrado en el Evangelio de Juan (Jn 11, 1-44), es uno de los episodios más significativos del ministerio de Jesucristo. En este pasaje, Jesús devuelve la vida a Lázaro cuatro días después de su muerte, mostrando no solo su poder sobre la muerte, sino también anticipando el misterio central de la fe cristiana: la resurrección.
Este milagro tiene un profundo simbolismo dentro de la liturgia de la Semana Santa, ya que prepara el camino hacia la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La historia de Lázaro representa la esperanza, la fe y la promesa de vida eterna, elementos que se reviven con intensidad durante estas celebraciones.
Durante la Semana Santa, los habitantes de Iztapalapa escenifican diversos pasajes bíblicos, incluyendo momentos clave que contextualizan la vida y obra de Jesús, como el milagro de Lázaro. Aunque no siempre es el acto central, su inclusión ayuda a comprender la creciente tensión que conduce a la crucifixión, ya que este milagro provoca tanto admiración como rechazo entre las autoridades religiosas de la época.
La representación en Iztapalapa no solo es un acto religioso, sino también cultural e identitario. Los participantes asumen sus roles con gran compromiso, muchos de ellos preparándose durante meses, lo que convierte este evento en una expresión viva de fe comunitaria. Además, la escenificación permite a los asistentes reflexionar sobre temas universales como el sufrimiento, la redención y la esperanza.
México es el segundo país con más católicos del mundo, con 97.8 millones de habitantes que declaran pertenecer a esta religión, 77.7 por ciento de su población total, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
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