Tijuana BC 25 de diciembre de 2014 (AFN).- Para José, adulto mayor que reside en el asilo Juan Pablo II, estos días fueron similares a los anteriores, con la diferencia de que ha recibido más visitas de personas que no conocía; pero al anochecer, la historia es similar, deben de caminar paso a paso hasta su dormitorio y esperar el amanecer.
Durante un recorrido realizado por AFN, en estas épocas decembrinas, los reporteros llegaron hasta un camino accidentado del poblado de La Gloria, al Sur de la ciudad, donde fue edificada la casa dirigida por monjas y que alberga a 21 adultos.
El día inicia con una caminata en los alrededores del domicilio después de que los huéspedes desayunaron, en esta casona que tiene un estilo mexicano y posee 17 habitaciones, donde laboran ocho personas entre cocineras, personal de intendencia y del área administrativa.
El asilo fue fundado por monjas de la Congregación de Santa Margarita de los Pobres, originarias de Guadalajara, Jalisco; y desde el año 2009 operan de manera formal.
De las personas que ahí residen, la más joven tiene 75 años de edad, mientras que la más adulta ya llegó a cien.
Algunos de los “abuelitos”, como los llaman las personas que les dan atención, fueron ya olvidados por sus familiares y no tienen visitas; a quienes mejor les va son visitados una vez al mes.
Se observó en el recorrido que los familiares en la mayoría de los casos llegan y durante su estancia no dejan de ver el reloj, poca atención prestan y se despiden de prisa mientras se dirigen a la puerta de salida.
José afirma estar contento ahí, y antes de poder cruzar más palabras con él expuso que iba por su dominó y que deberían jugar, invitó a dos damas e hizo la “sopa” al revolver las fichas después de contar que estuvieran las 28 piezas.
Mientras el juego seguía, a lo lejos se observó a otras personas, algunos dando vueltas en sillas de rueda, otros a paso lento "como perdonando el viento” como dice la canción; y otros más permanecían en las puertas de sus habitaciones, sólo observando.
Alrededor del mediodía llegó la hora de la comida, donde los huéspedes más lúcidos ingirieron sus alimentos solos, otros con ayuda de sus compañeros, mientras quienes los atienden repartían bebidas y los auxiliaban a comer, siempre con una sonrisa.
Al finalizar sus alimentos todos retoman sus actividades. Se ve a una mujer que se quedaron en una silla, con la mirada ausente. "Espera que llegue su familia”, comentó alguien al reportero.
A poco tiempo de que desaparezca el sol, ya entrada la tarde, alrededor de las 17:00 horas se les sirvieron bebidas tibias, avena o chocolate, acompañados con pan, para después conducirlos a sus habitaciones a que descansaran.
"Lo único que pedimos a los familiares es que vengan a visitarlos, y que en estas fechas se acuerden que aquí los dejaron, ellos también sienten”, señaló una de las mujeres que los atienden en este asilo, donde el tiempo parece detenerse.