CRÓNICA
Por: Manuel Villegas
Tijuana BC 17 de noviembre de 2014 (AFN).- Salieron los boletos del concierto de Juan Gabriel a la venta desde semanas antes, y Lorena y Lupita ni se dieron por enteradas. Como muchos, pese a que se trata del ídolo de sus juventudes y desde que tienen memoria, no pensaron en comprar boleto a tiempo. Tantas preocupaciones y tan poco tiempo, hasta que llegó la tarde del sábado y entonces decidieron asistir y divertirse.
Pero cerca de casa no hallaban boletos, y donde aún quedaban les ofrecieron pases para la zona "Oro" y para el área "Plata", mas la economía no está para esos trotes.
Total: en una farmacia quedaban 17 entradas en las gradas y ellas compraron dos para "General II" cada una en 550 pesos, conscientes de que se conformarían con ver al Divo de Juárez "desde la gayola", a más de cien metros y apretujaditas. Pero por Juanga vale la pena aguantar los trotes, dijeron.
Y córranle al estadio, que abrirán las puertas a las cinco. Y les dieron las seis y las siete, las ocho y las nueve, y.. Entonces, Juan Gabriel valió la pena.
Claro que el espectáculo empezó antes, pero para ellas el show verdadero era el cantaautor michoacano, no el sinaloense Gerardo Jerry Bazúa de La Cruz de Elota, de La Voz México y de Paulina Rubio; quien abrió la presentación acompañado de un mariachi justo a las 8:11 de la fría noche sabatina.
Hasta ese momento, no se habían cumplido las exigencias de Lorena y Lupita, fans del cantaautor Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel, pues). Y para acabarla de amolar con las incomodidades, no se veían bien ni las enormes pantallas colocadas a izquierda y derecha del escenario, y estaba apagada la aún más enorme pantalla arriba del escenario.
Eso y los gritos de los vendedores de "cabritos", tosticosas, chatarritas a noventa, pizzas chicas a cincuenta, cacahuates pa estar calientitos, sangrías, clamatetes y lleve lleve su cervechita; mas el apretujamiento generalizado en el graderío, hicieron que las siete canciones que el ex novio de la Pau interpretó en media hora sobre el escenario fluyeran como el agua cuesta abajo para ellas.
Se fue Bazúa, no se supo con qué rubia, y empezó una cansada espera de diez minutos sin maestro de ceremonias, tiempo en el que, casi a oscuras, se elevó una cortina blanca que cubrió cual pantalla monumental el escenario en la zona de jonrones del estadio al pie del Cerro Colorado.
Para entonces, las sillas de la zona "Platino" y el área "Plata" ya estaban ocupadas a poco más de la mitad, y en las mesas servidas por uniformados meseros en la zona "Oro", la actividad ya era más notoria a diferencia de las cuatro horas previas.
Y llegó el Divo. Y felices sus fans Lupita y Lorena, moviendo los pies. Juan Gabriel empezó a cantar a Tijuana justo a las 8:59 horas del sábado 15 de noviembre de 2015, ante un estadio casi abarrotado y un vientecillo que fue preludio a lo que traerá el invierno.
Y La gente de pie. Hubo Gritos. Mucho baile. Algunos hurras y vivas. Y aunque "No vale la pena", Lorena y Lupita y más de 20 mil gritaban y aplaudían cuando a todo pulmón los popurrís, las canciones viejitas, y cuando el artista dijo que arriba Michoacán, y arriba Juárez (la ciudad, no el expresidente) y que "Tijuana qué bonita está".
La orquesta y el mariachi, una veintena de músicos; y los seis miembros del coro, tres hombres y tres mujeres; todos muy bien entonados. Tan profesionales ellos, que algunos como el del violín, del saxofón y la trompeta, Juan Gabriel les dio un espacio para su personal lucimiento durante las tres horas y media de espectáculo.
Y aunque cada entrada se cotizó de 800 a más de mil pesos, en la zona de "Oro" algunos y en la de "Plata" todos, tuvieron que ponerse de pie para poder observar cuando Juanga cantó entre luces y vapores.
A ellas les dijo que "Si nosotros nos hubiéramos casado", les coqueteó con "tienes unos ojos lindos tan hermosos que me encantan" y expuso que "no te guardo rencor". Para la ciudad dijo que "a mi me gusta más estar en la frontera porque la gente no se mete en lo que no le importa", que los tenía "siempre en mi mente", y que no sabe qué hacer porque "cómo te olvido". Y para los caballeros, presumió que a alguien "le falta lo que yo tengo de más"; canciones que desataron la euforia de los asistentes de "Oro", "Plata", "Platino" y la raza de a pie.
Cuando a las 9.26 horas Juan Gabriel pidió a la gente que le dieran "una luz", Lorena sufrió de verdad. Mientras gran parte del estadio se iluminaba con pantallas encendidas de celulares, ipads, cámaras fotográficas, y hasta cerillos y encendedores y cigarros, ella decía desesperada: "¿Cómo se prende esta madre?" y movía los controles de su celular nuevo, hasta que al fin dio con bola y los botones adecuados.
A las 21:54 horas El Divo dio un anuncio que emocionó a la raza: "Les voy a hacer una nomás pa´ustedes", dijo a los tijuanenses, ya que supo que Mexicali tenía como canción "El Cachanilla", y "de Tijuana hay muchas cosas que se pueden decir, se puede decir, se tiene que decir, porque Tijuana es puro corazón".
Llegó la madrugada del domingo y Juan Gabriel no se quería ir. Seguía la velada, con saltos del mariachi, los característicos contoneos del cantaautor y la euforia de sus seguidores, que disfrutaron de la proyección de flores, banderas y fotografías del Divo, de diversas épocas y lugares entre los años setentas a los noventas.
Hubo momentos donde el espectáculo estuvo en la cancha, el graderio y hasta en los baños; Cuando nadie pelaba a una botarga de conocidas farmacias por estar observando a dos entalladas modelos que lo acompañaban; cuando un asistente del área "Oro" que pagó más de dos mil pesos y quien por cierto llegó tarde con su pareja, jaloneó a la mujer hasta llevársela del baile; y cuando otra mujer quizá "pasada de chelas" se peleó con cuatro policías en los sanitarios y tuvieron que sacarla casi a rastras.
Y Lorena y Lupita felices, bailando y aplaudiendo sin parar, hasta que dieron las 00:25 horas y llegó la hora de marcharse.
- "¿Qué te pareció?", decían entre ellas, las alegres amigas. Que fue "excelente", "estupendo", "buenísimo", y que estaban contentas porque les dijo que "Tijuana tendrá una canción tan bonita que no me van a poder olvidar jamás".
"Pues pa estar sentados por horas mejor en las gradas, no quiero ´Oro´ ni quiero ´Plata´ porque no me van a dejar ver", afirmó Lorena, quien para esas horas de la madrugada ya se quejaba de dolores en los pies de tanto salto y baile.