México DF 05 de septiembre de 2014 (kaleydoscopio.mx).- La población vieja de México no cuenta ni crea condiciones para hacer frente a los retos de la vejez, según investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, que destacan:
El envejecimiento es parte del aumento de la esperanza de vida. Datos del Inegi revelan que en 1970 los mexicanos vivían en promedio 61 años; en 2000, 73, y en 2014 la esperanza de vida es de casi 75.
Para 2030 se espera que sea de 77 años, es decir que la población tiende a ser más longeva en condiciones de precariedad y vulnerabilidad.
Aida Díaz-Tendero aclaró que la situación social, cuidados y calidad de vida de este segmento dependen de su estatus social o posición en la estructura socioeconómica, que varía en función de la clase de pertenencia, género, tipo de localidad (rural o urbano), región (estados del norte o sur), así como de la pertenencia o no a minorías indígenas.
Al respecto, Cruz Álvarez comentó que el proceso se ha dado de manera desigual y heterogénea en términos económicos y sociales. “Tenemos una región norte más desarrollada en relación con la del sur, que se refleja en los niveles de bienestar de la población de mayor edad”.
Según datos de la ENOE, la Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó 52.1 millones de personas, que representan 58.6% de la población de 14 años y más. De ésta, 4.3 millones son de 60 años y más (8.4% de la PEA total), y de ellos, 97.7% está ocupado y el resto, no.
Con base en los indicadores de informalidad laboral, publicados por el Inegi, se tiene una población de 65 años y más de 8.9 millones, 2.4 millones de ellos son población ocupada, que representa 26.9%.
De estos, 1.9 millones son informales y sólo 514 mil son formales, es decir, tres de cada cuatro individuos de este grupo poblacional son informales.
En el rubro de las pensiones, los académicos integrantes del Seminario Universitario Interdisciplinario de Envejecimiento y Vejez de la UNAM indicaron que sólo 25% de los adultos mayores en el país recibe una pensión contributiva, mientras que los otros, a pesar de haber laborado toda su vida en el mercado formal o informal, carecen de ella.
El cuidado de ancianos enfermos o vulnerables, de más de 80 años, es un tema preocupante, pues esta responsabilidad recae en las mujeres de entre 40 y 50 años, quienes deben abandonar el mercado laboral para cuidar de ellos. Sin embargo, éstas en unas décadas también requerirán de esos cuidados.
Señalaron la necesidad de fortalecer la estructura de redes familiares (una de las riquezas del país, sin que por ello se desentienda el Estado) para implementar el cuidado de los adultos mayores con apoyo de trabajadores sociales, gericulturistas y geriatras a domicilio.
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