CIUDAD DE MÉXICO 14 DE ABRIL DE 2026 (AGENCIA MÉXICO).- Alejandro Speitzer vivió un momento profundamente emotivo tras ofrecer la última función de la obra Cruise: Mi última noche en la tierra, un proyecto que aborda la crisis del VIH en la década de los 80 y que lo marcó tanto a nivel profesional como personal.
Luego de más de cien funciones, el también productor compartió un video en sus redes sociales donde se le ve visiblemente conmovido, reflexionando sobre el impacto que tuvo esta experiencia en su vida.
“Amigos, estoy llegando a casa después de cerrar temporada. Después de 130 y tantas funciones bajamos el telón. Y quería hacer este video para compartirles lo agradecido que me siento”, expresó.
La obra, en la que interpretó a un joven que vive con VIH y enfrenta prejuicios sociales, se convirtió en un espacio de conexión emocional tanto para el público como para el propio actor.
“Fue hermoso estar en ese escenario, por tocarnos el alma con el escenario como puente y transmitir un mensaje tan importante, tan necesario, tan doloroso también”, señaló.
Speitzer también reveló que este proyecto llegó en un momento complicado de su vida, convirtiéndose en una especie de terapia emocional.
“Me voy atrás y recuerdo lo que dije al final de cada función, que me sentía más vivo que nunca, que el teatro sanaba. Y es totalmente cierto, porque antes de emprender esta aventura yo estaba pasando por un momento de mucho dolor”, confesó.
Incluso compartió que fue su propio psicólogo quien lo impulsó a aceptar el reto actoral como parte de su proceso personal.
“Y se lo compartí a mi psicólogo y también le compartí la posibilidad de hacer esta obra. Me dijo: ‘Alejandro, lo que tú necesitas es meterte al teatro, es encerrarte ahí’. Y lo hice, lo hice muerto de miedo, es la verdad”, relató.
El artista también habló sobre el desafío que implicó el montaje, destacando el esfuerzo emocional y profesional que representó enfrentarse a este papel.
“Eran 70 páginas, y solo era romper mis propios paradigmas, enfrentar mis propios miedos mi cabeza, y lo hice, y me siento muy orgulloso de haberlo afrontado, del equipo que hicimos, de cada palabra que recibí por parte de muchas personas que sé que esta historia les tocó lo más profundo”, dijo.
Visiblemente afectado, Speitzer no pudo contener las lágrimas al agradecer al público y al equipo, dejando ver el fuerte vínculo que desarrolló con la obra.
“Gracias, gracias, gracias, gracias. No puedo parar de llorar. Y quiero compartirles un texto que cada noche me tocaba en lo más profundo y que seguramente retumbará en mi cabeza a lo largo de mi vida. Me estremezco un poco cuando pienso en mi yo de 22 años”, expresó.
Finalmente, el actor compartió una reflexión sobre la vida y el paso del tiempo, conectando con el mensaje central de la obra.
“Cumplí 30 el año pasado; pensé en todas esas personas que no llegaron a esa edad. Y me di cuenta de lo afortunado que soy al estar envejeciendo. No siempre me siento así, a veces arriba, a veces abajo, pero hay que seguir un paso a la vez. Amigos, se nos está yendo la vida todos los días”, concluyó.
El cierre de esta obra no solo marca el final de una temporada exitosa, sino también un capítulo profundamente significativo en la vida de Alejandro Speitzer, quien encontró en el teatro una forma de sanación y conexión emocional.