Por: Marco Antonio Samaniego
TIJUANA BC 23 DE MAYO DE 2026.- Aquí he apuntado sobre la percepción construida de que, si investiga un caso cualquier agencia estadounidense, por tanto, el resultado debe ser cierto. Las acusaciones deben tener evidencias porque, en base al poderío militar, existe también un poderío mediático que construye a los enemigos y decide sobre la vida en otros países. Esta relación no puede funcionar si no existen instituciones en los diferentes países en que interviene sin una aceptación dado que se es parte de la oposición, del gobierno o de organismos que buscan la intervención/no intervención como base para modificar las relaciones de poder al interior de sus países. Guste o no, el sólo hecho de que se hable de una posible injerencia, modifica las relaciones, las amenazas y los argumentos sobre posiciones con respecto a una nueva relación.
El miedo, es pues, un actor, pero al mismo tiempo, para quienes desean un cambio en cualquier sentido, una posibilidad.
Los siglos XX y XXI tienen como constante que la presencia de Estados Unidos en diferentes partes del mundo, son un elemento importante en las relaciones internacionales.
Así, por ejemplo, al mismo tiempo, en la década de 1980, el factor Estados Unidos está en el medio oriente, asesinan a soldados y agentes de la CIA en el Líbano, asciende al poder el Ayatolá Jomeini en Irán, sin que tuvieran conocimiento previo de quien era, y apoyan a Sadam Hussein para combatir a Irán. Igualmente, entregan armas a Irán, con apoyo de Israel, desde donde se manda armamento de alto poder y con el dinero obtenido, apoyan a la contra nicaragüense, desde donde existe apoyo a grupos que se dedican al trasiego de drogas a Estados Unidos. Todo en orden, pues (dicho con ironía).
Sin embargo, en ese contexto, el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena y del piloto mexicano, Alfredo Zavala Avelar, se convierte en un caso que le da la vuelta al mundo. Surgen a la fama Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, como los asesinos de los dos mencionados. Todo por la información de que en el rancho el Búfalo, en Chihuahua, existía a plena luz, alrededor de mil hectáreas para el cultivo de marihuana. Investigaciones posteriores revelaron que agentes de la Dirección Federal de Seguridad en México, y de la DEA, tuvieron conocimiento del caso y en publicaciones de 2013,ax agentes de la CIA dieron testimonio de la participación directa de la agencia en el asesinato de Camarena y Zavala Avelar. Todo, pues, en orden. Cabe señalar que, ante el crecimiento exponencial en el uso de la cocaína en Estados Unidos, la discusión sobre el uso de la marihuana se volvió más laxo, dado que se le consideraba una droga menor en comparación con la cocaína y sobre todo, con el subproducto que estaba matando a varios miles de personas en Estados Unidos, como era el crack. Ronald Reagan, a pesar de que los muertos en el Líbano eran varios cientos, atendió con mayor atinencia el caso de Camarena, sin mencionar al mexicano Zavala Avelar. De igual forma, negaba que las armas fueran vendidas a Irán, y que ese dinero iba a parar a la contra nicaragüense. Negación plausible, es un concepto que se utiliza para saber del caso, pero no saber del caso.
Duane Clarridge, quien ordenó el minado de puertos nicaragüenses en 1984 – acto que sería condenado por la Corte Internacional de La Haya en 1986 - al confrontarse con un juez estadounidense, señaló que eso era exactamente la CIA realizaba cuando operaba en el extranjero. Dijo: “Quebrantamos las leyes propias de cada país.
Así es como recabamos información. A eso nos dedicamos”. Clarridge aplaudió la caída de Salvador Allende en Chile, y por tanto el ascenso del criminal Augusto Pinochet. Años después, aborrecía a la agencia a la cual perteneció por tres décadas.
No pretendemos minimizar el asesinato de Camarena, sólo destacar que en medio del todo el (des) orden que había provocado la CIA, que en esos años apoyaba a Manuel Antonio Noriega y George Bush – padre – se tomaba fotos junto a él, eran años en los que el trasiego de cocaína era precisamente por una de las vías más utilizadas, como era Colombia-Panamá.
Con estas relaciones, pensar que la CIA, y en otros momentos la DEA, son agencias que llegan a hacer justicia en los lugares en los que intervienen, es una visión limitada. Sólo si se cree en las narrativas que se exponen en series televisivas o de streaming es posible creer que todo se hace por bien de la humanidad, o en este caso, del pueblo estadounidense. Como expuso Gary Webb poco después, en the Dark Alliance, cientos de jóvenes afrodescendientes murieron en las calles de Los Ángeles, Detroit o Atlanta, con el crack que circuló en las calles y que financió a la contra nicaragüense. Dicho país, por cierto, aun paga las consecuencias de la falta de inversión, infraestructuras y la elevada migración que ha padecido durante décadas.
Así, pues, políticos mexicanos, discuten quien puede dar permiso para que intervengan o no las agencias estadounidenses. Durante años, militares mexicanos o agentes, va a entrenar a los Estados Unidos para recibir capacitación de “alto nivel”. Si bien esto puede ser cierto, también lo es que la geopolítica y eventos internacionales le dan sentido diferente a la seguridad nacional y a los lugares en los que Estados Unidos, siempre, interviene en diferentes lugares del mundo de manera simultánea. Si colaborar es una lógica aceptable, la presión y la información tiene un sentido que ha sido utilizado de diferente manera, por lo que el riesgo, es que aparezca otro nivel de negociación y el acuerdo, cambie, de acuerdo con el interés de las mencionadas agencias.
Por ello, colaborar tiene un límite. Ignorar que el ajedrez político internacional no es un factor, es no tener idea con quien se “colabora”. Y como comentario, a pesar de que los muertos pueden ser más altos en otras intervenciones, si sucede en México, el uso político, cobra siempre otra dimensión. Dicho de manera simple, no es tan simple que la CIA ingrese a un país ni debe pensarse que la correlación de fuerzas es directa.
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