La política de la construcción y de la destrucción
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La política de la construcción y de la destrucción

Tijuana BC - martes 28 de abril de 2026 - Esteban Capella Ibarra.
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REFLEXIÓN DEL DIA.-

Por: Esteban Capella Ibarra 

TIJUANA BC 28 DE ABRIL DE 2026.- La política, entendida como el arte de dirigir a una sociedad, puede practicarse esencialmente de dos maneras: construyendo o destruyendo. No se trata de una teoría difícil de entender sino de una realidad que se repite a lo largo de la historia y que hoy sigue plenamente vigente.

Existe una forma de hacer política basada en la demolición: de instituciones, de reputaciones, de ideas, de cultura y del propio tejido social. A lo largo del tiempo, múltiples figuras han escalado posiciones no por lo que edifican, sino por lo que destruyen. Ahí están casos como Adolf Hitler, quien consolidó su poder desmantelando el sistema democrático; Joseph Stalin, que eliminó sistemáticamente a sus opositores y gobernó mediante el miedo; o en tiempos más cercanos, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, donde se observa un proceso progresivo de debilitamiento institucional, económico y social.

El patrón destruir es más rápido que construir. No requiere una gran preparación ni una visión de largo plazo. Basta con polarizar, dividir, manipular y acabar con lo existente. La destrucción se convierte en una vía rápida para acceder al poder y, en muchos casos, para mantenerse en él. Es una política que se alimenta del conflicto, del resentimiento y de la descomposición.

En contraste, existe la política de la construcción. Esa que exige tiempo, preparación, disciplina, conocimiento y un sentido profundo de responsabilidad. No es una ruta sencilla ni inmediata. Ejemplos históricos lo demuestran: George Washington sentó bases institucionales sólidas que han perdurado por siglos; Nelson Mandela optó por la reconciliación en lugar de la venganza, evitando una fractura mayor en su país; Konrad Adenauer participó en la reconstrucción de Alemania tras uno de los periodos más oscuros de la humanidad; y Lee Kuan Yew transformó un territorio sin recursos en una de las economías más sólidas del mundo en Singapur.

Construir implica sostener, corregir, formar, proyectar. No hay un camino rapido. No hay resultados inmediatos. Y muchas veces, ni siquiera reconocimiento en el corto plazo. Es una política que exige carácter, visión y, sobre todo, compromiso real con la sociedad.

La diferencia de fondo es evidente: destruir seduce porque es rápido, construir exige porque es lento. Destruir requiere oportunismo, construir requiere carácter. Destruir se alimenta del resentimiento, construir nace de la visión. Y hay una verdad incómoda que pocas veces se dice con claridad: la destrucción puede ejecutarse incluso sin preparación; la construcción solo es posible con inteligencia, disciplina, conocimiento  y un profundo sentido humano.

El problema no es que existan ambas formas de hacer política. El problema es que hoy, en muchos casos, la destrucción resulta más rentable políticamente que la construcción. Es más fácil destruir una institución que fortalecerla; más sencillo desacreditar que proponer; más rentable dividir que unir.

Construir toma años, incluso generaciones. Destruir puede tomar meses. Pero la historia es clara y termina poniendo todo en su lugar: solo lo que se construye con esfuerzo, disciplina y sentido humano permanece. Lo demás desaparece junto con quienes lo impulsaron.

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