REFLEXIÓN DEL DIA.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 8 DE ABRIL DE 2026.- Durante décadas, quienes hemos sido testigos de la evolución del desarrollo y de los cambios sociopolíticos de nuestro país, y particularmente de nuestra región, hemos escuchado de manera permanente —y en muchos casos también expresado— la famosa necesidad del cambio.
Ha sido muy común escuchar en los diálogos cotidianos la frase: “ya se necesita un cambio”. Sin embargo, tal parece que ese famoso cambio, tal y como muchas personas lo hemos imaginado, nunca llegó.
Han existido transiciones de gobierno dentro del mismo partido y también de un partido a otro, pero esa visión de cambio que durante tanto tiempo ha compartido la sociedad simplemente no se materializó. Y entonces surge una pregunta interesante: ¿qué significa realmente el cambio que verdaderamente brindaría satisfacción a los ciudadanos?
Creo, por lo que he escuchado y también con base en un criterio personal, que el cambio anhelado significa una sociedad en equilibrio con su gobierno; un entorno donde, precisamente, tanto las obligaciones de unos como de otros se cumplan; una autoridad actuando dentro de sus facultades y una sociedad ejerciendo libremente sus derechos.
Traducido en términos simples: ciudadanos responsables cumpliendo con sus deberes, y gobiernos responsables y honestos cumpliendo con sus obligaciones desde un eje de justicia, con pleno respeto a los derechos humanos.
Pero si ese cambio no ha llegado, entonces vale la pena preguntarnos: ¿cuáles han sido los errores o los puntos ciegos que nos han conducido a que nuestras condiciones no solo no mejoren, sino que incluso empeoren?
Lo podemos ver claramente en la decadencia de nuestros servicios básicos: la seguridad, la salud, la educación, la infraestructura, entre muchos otros. Y creo que la clave —y he sido reiterativo al manifestarlo— está en la participación activa en la solución de nuestros problemas, en una nueva evaluación permanente y en una propuesta permanente hacia quienes hoy se encuentran a cargo de nuestras instituciones y de los diferentes poderes que conforman nuestro Estado.
Participar es cuestionar. Participar es dedicar tiempo. Participar es proponer, exigir, aportar y, en muchos casos, cuando así lo amerite y lo justifique la realidad, reclamar con razón.
Creo firmemente, y con mucha convicción, que esa ha sido la falla principal que no ha permitido que llegue ese cambio que durante tanto tiempo hemos esperado.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor