Por: José Alfredo Ciccone
TIJUANA BC 17 DE MARZO DE 2026.- Encabezo mi columna de hoy con una frase del inmenso Joan Manuel Serrat cuando en una de sus canciones ponderaba los beneficios del agua y recomendaba sobre su cuidado.
Como cada año desde nuestro espacio de comunicación, insistimos en recordar este día, los motivos son muchos, pero uno solo domina la intención de resaltar la suma importancia que implica el resguardo y la conservación del preciado líquido, tan escaso en muchas regiones y desperdiciado -todavía- en algunos rincones del Planeta donde hay gente -generalmente los que pueden pagarla-, que parecen no querer entender que este recurso es finito y si no ponemos coto a tanto desperdicio, lo padecerán mucho más las generaciones venideras y en gran parte, los que hoy sufren por este tema recurrente.
Quizás algunos piensen que como el invierno de este 2026 ha sido muy duro en algunos puntos del mundo, por lo tanto, la nieve acumulada es agua útil y que las lluvias de esta temporada en nuestra zona fueron más benévolas que otros años y por ende su aprovechamiento será mayor, déjenme decirles sin ánimo de desanimarlos, que no es tan simple la ecuación. Como todos sabemos, el enorme globo terráqueo está cubierto en un 70% de agua, sin embargo, de agua dulce útil sólo el 2.5% está disponible para el consumo, el resto se encuentra en los glaciares y acuíferos profundos.
Recordemos de paso que el ritmo en aumento del consumo humano y la contaminación, más la sobre explotación, entre otras razones, por el desmedido crecimiento poblacional, superan con creces la velocidad de renovación natural que todos esperamos.
Un progreso insostenible nos ha llevado a bebernos el agua con la que pretendemos calmar nuestra insaciable sed de consumo, este evidente e irresponsable derroche se refleja en la agricultura intensiva, la meta de crecer a toda costa en lo urbano e industrial, el palpable daño ambiental y los gases de efecto invernadero que han provocado un brusco cambio climático. Todo ello, en su conjunto, impone unos devastadores intereses a nuestras reservas de agua; sequías más largas, incendios que destruyen todo a su paso, evaporación acelerada, lluvias intermitentes en algunos casos, excesivas en otros y climas que hasta hace algunos años resultaban incomprensibles. Afirman los expertos que muchas regiones del mundo han vivido por encima de sus reales posibilidades hidrológicas
Si tomamos como ejemplo que bañarse durante 5 minutos conlleva un gasto de agua que llega a 100 litros, que es lo mismo a lo que bebe una persona en 50 días, esto implica con claridad que en promedio se gastan 20 litros de agua por cada minuto que pasamos con la regadera abierta. Otro ejemplo para tomar en cuenta es que un grifo abierto consume 6 litros de agua por minuto, por lo tanto, si nos cepilláramos los dientes -como recomiendan los odontólogos-, durante dos minutos, se ahorrarían unos 12 litros cada vez.
Según un informe de la ONU, la humanidad no solo ha gastado el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos. El resultado negativo nos lleva a deducir que son sistemas acuáticos quebrados -acuíferos compactados, lagos fantasmas, deltas que se hunden-, sin capacidad de recuperarse. Prácticamente se declara “una bancarrota hídrica”, de un Planeta que vivió a crédito durante siglos y donde no se aplicaron las medidas pertinentes.
Suena dramático, lo es, por lo tanto, todo lo que se haga en materia de cuidado y concientización en el buen uso del agua, nunca está de más. Es menester enseñarle a los más pequeños de la casa la importancia vital que encierra este tema; informarlos y guiarlos, en el entendido que el buen ejemplo, para que cunda, lo deben practicar los adultos, porque si no el derroche se producirá en la contradicción de recomendar a los niños lo que los propios mayores no saben ejercer con responsabilidad.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.