LA BUFADORA
El Mosquito
ENSENADA BC 27 DE FEBRERO DE 2026.- La reacción violenta fue intensa el domingo pasado, pero extraordinariamente breve para el tamaño del golpe que se supone representó la caída de la cabeza del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Eso llama la atención, porque se trata de una organización criminal con presencia nacional, estructura financiera sofisticada y múltiples brazos operativos, por lo que uno esperaría una escalada sostenida o una reconfiguración visible del conflicto.
Sin embargo, lo que vimos fue un estallido concentrado, como incendios de negocios en Jalisco, bloqueos carreteros y quema de vehículos en distintos estados, pero después, un retorno relativamente rápido a una especie de calma tensa.
Y lo anterior tiene varias lecturas.
Una es que la violencia fue, ante todo, un mensaje. No tanto una ofensiva prolongada, sino una demostración de capacidad, en el sentido de que “seguimos aquí, tenemos fuerza territorial y podemos paralizar regiones enteras si queremos”.
Es una lógica de comunicación criminal, la cual genera alto impacto mediático en poco tiempo para reposicionarse frente al Estado y frente a sus propios rivales; por lo tanto, los bloqueos y ataques no buscarían escalar indefinidamente, sino hacerse notar y marcar límites.
Otra lectura apunta a la naturaleza del operativo. El golpe se concentró en la cabeza del cártel, pero no estuvo acompañado -al menos de manera visible- de acciones simultáneas contra las estructuras financieras, el lavado de dinero, las redes de tráfico de personas o los eslabones locales que sostienen el control territorial mediante extorsión, cobro de piso y secuestro.
Y sin una ofensiva integral contra esas capas intermedias y económicas, la organización puede resentir el golpe simbólico, pero conservar buena parte de su capacidad operativa.
También es inevitable considerar el componente político internacional. El “timing” del operativo, previo a momentos clave en la agenda pública estadounidense, permitió que el presidente de ese país -Donald Trump-capitalizara el hecho como un logro en materia de seguridad.
Dado el estilo personalista y mediático de Trump, no resulta extraño que el golpe se presentara como una victoria contundente contra el narcotráfico.
Desde esta óptica, la operación habría tenido un alto valor simbólico y diplomático, es decir, enviar una señal de cooperación y firmeza, más que inaugurar una estrategia estructural de desmantelamiento del crimen organizado.
Esto recuerda otros precedentes donde se privilegian “golpes sonoros” -la captura o abatimiento de líderes- sin que necesariamente exista un plan de reconstrucción institucional o de transformación profunda de las condiciones que permiten la reproducción del fenómeno criminal.
El caso de la presión internacional sobre Venezuela, centrada durante años en el eventual derrocamiento de Nicolás Maduro, mostró cómo un objetivo altamente mediático puede eclipsar la discusión sobre el día después y sobre la complejidad del problema.
Y es que esto se apega mucho a la forma que tiene Trump de hacer las cosas, como en Venezuela, por ejemplo.
Todo se circunscribió al derrocamiento de Maduro, pero sin un plan para Venezuela, salvo el petróleo que se está cobrando Estados Unidos, pero todo lo demás queda igual.
En ese contexto, lo que podríamos esperar en México es una etapa de “calma chicha”, ni una guerra abierta ni una desarticulación real del cártel, sino un equilibrio inestable.
El Estado muestra capacidad para dar golpes selectivos y la organización criminal demuestra que conserva músculo territorial. Ambos envían mensajes, pero ninguno altera de fondo el tablero.
O sea, golpes sonados y no más.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿estamos ante una estrategia integral contra el crimen organizado -finanzas, redes locales, corrupción institucional y control territorial- o ante una política de impactos espectaculares que producen réditos políticos inmediatos, pero efectos limitados en el mediano plazo?
CHOCAN MORENISTAS
La reforma electoral, además de las tensiones que la 4T mantiene con sus aliados del Verde Ecologista y del Partido del Trabajo, también provoca un choque en el seno de Morena.
La número 2 de Morena, Carolina Rangel, externó su desacuerdo con la senadora Yeidckol Polevnsky, ex lideresa de Morena, integrante de la bancada del PT, luego de que ésta cuestionara la reforma y señalara que la veía, en parte, “fuera de la realidad”.
“Imagínense: un diputado de mayoría va a hacer campaña en un distrito electoral y un pluri en cinco estados, en 40 distritos, pues la verdad, y sin recursos -porque él no va a tener recursos-, creo que está fuera de toda realidad, así que creo que no es el tema lógico”, planteó Polevnsky.
En relación con la anunciada eliminación de 32 escaños en el Senado, la legisladora consideró que no debían ser suprimidos.
“Esto genera disparidades. Si se va a hacer una revisión, pues se debe de plantear, buscar que haya mucha más equidad para todos, y que todos partan de lo mismo, pero no puedes pedirle a un candidato que haga campaña en 40 distritos cuando el otro hace campaña en uno. Yo creo que eso está desproporcionado”, recalcó.
Pero Rangel se quejó públicamente del planteamiento de su correligionaria.
“Lamentable su postura senadora @yeidckol respecto a la Reforma Electoral”, posteó.
"Lo que emana del pueblo jamás puede estar fuera de proporción, sobre todo cuando implica la conquista de derechos, el fortalecimiento de la democracia y el buen uso de los recursos públicos. ¿Qué tiene de descabellado que quien legisla camine las calles y escuche al pueblo? Esa es, precisamente, la esencia de la transformación”, reviró Rangel.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.