La ilustración de camino a la modernidad
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La ilustración de camino a la modernidad

CIUDAD DE MÉXICO - domingo 15 de febrero de 2026 - Hugo Alfredo Hinojosa.
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* Una revisión de las ideas centrales de la Ilustración (razón, autonomía y crítica al poder) y una explicación de su impacto en la política actual

* Voltaire, figura central de la crítica ilustrada: su defensa de la tolerancia y su denuncia al fanatismo marcaron el impulso hacia los derechos modernos. Wikimedia Commons

Por: Hugo Alfredo Hinojosa

CIUDAD DE MÉXICO CDMX 15 DE FEBRERO DE 2026.- Y luego del llamado oscurantismo hace su aparición en la escena el siglo XVIII europeo que fue testigo de una revolución intelectual que transformaría para siempre la concepción del ser humano, la sociedad y el conocimiento mismo. La Ilustración, también conocida como el Siglo de las Luces (por cierto, hay una novela de Alejo Carpentier con ese nombre), representó el supuesto triunfo de la razón sobre la superstición, de la ciencia sobre el dogma, y de la libertad sobre el absolutismo. Este movimiento filosófico no solo cuestionó las estructuras de poder de su época, sino que sentó las bases del mundo moderno tal como lo conocemos.

La Ilustración emergió en un contexto de profundas transformaciones. Europa estaba experimentando un cambio económico acelerado, el colonialismo expandía horizontes geográficos e intelectuales, y los avances científicos de figuras como Isaac Newton habían demostrado que el universo podía ser descifrado mediante leyes racionales. En este ambiente, los pensadores ilustrados propusieron una idea revolucionaria: la razón humana podía y debía aplicarse no solo al mundo natural, sino también a la organización política, social y moral de la humanidad. Pero, comentario al margen, hoy pareciera que esa época se fue a la basura, estamos en un momento de oscurantismo muy interesante porque además vivimos en una era tecnológica.

Así pues, entre las figuras más destacadas de este movimiento se encuentra el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), quien capturó la esencia de la Ilustración en su célebre ensayo “¿Qué es la Ilustración?” publicado en 1784. Su respuesta fue contundente: “La Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad”. Con el lema latino “Sapere aude” (atrévete a saber), Kant llamaba a cada individuo a usar su propio entendimiento sin la guía de otro. Esta idea de autonomía intelectual fue el núcleo filosófico del movimiento. Asimismo, Kant desarrolló una filosofía crítica que examinaba los límites y alcances del conocimiento humano. En su Crítica de la razón pura (1781), argumentó que nuestro conocimiento del mundo está mediado por las estructuras de nuestra mente, revolucionando la epistemología occidental. Su pensamiento ético, expresado en el imperativo categórico, propuso que debemos actuar según máximas que podamos desear que se conviertan en leyes universales, fundamentando una moral basada en la razón y no en la religión. A la fecha Kant es uno de los autores más revisados sobre todo cuando se trata de hacer la distinción entre el mundo real y el virtual.

Otro de los grandes ilustrados fue François-Marie Arouet, conocido como Voltaire (1694-1778), fue la personificación del espíritu crítico ilustrado, uno de mis filósofos favoritos por su manejo narrativo y usualmente lo utilizo como ejemplo en la mayoría de mis columnas de opinión. Voltaire fue un escritor prolífico, produjo más de 20,000 cartas y numerosas obras que atacaban el fanatismo religioso, la superstición y la injusticia. Su célebre frase “Écrasez l'infâme” (aplastad al infame), refiriéndose a la intolerancia religiosa, se convirtió en un grito de batalla del movimiento. Voltaire defendió apasionadamente la tolerancia religiosa, especialmente después del caso de Jean Calas, un comerciante protestante ejecutado injustamente en 1762 bajo acusaciones religiosas, siempre la religión es un problema. Su Tratado sobre la tolerancia (1763) se convirtió en un texto fundamental para el desarrollo de los derechos humanos modernos. Aunque criticaba duramente a la Iglesia católica, Voltaire era deísta: creía en un Dios creador, pero rechazaba las religiones organizadas y sus dogmas.

Por contraste con otros pensadores de su tiempo, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) fue quizás el más radical y paradójico de los ilustrados. En su Discurso sobre el origen de la desigualdad (1755), argumentó que el ser humano era naturalmente bueno, pero había sido corrompido por la sociedad y la propiedad privada. Esta idea contrastaba con la visión de otros pensadores como Thomas Hobbes, quien consideraba al hombre naturalmente egoísta. Su obra maestra, El Contrato Social (1762), comenzaba con la famosa declaración: “El hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado”, y recomiendo que tomen este libro como una referencia de cabecera. Rousseau propuso que la única autoridad política legítima era aquella basada en la voluntad general del pueblo, no en el derecho divino de los reyes.

Paralelamente, Charles-Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (1689-1755), realizó una contribución fundamental a la teoría política con su obra El Espíritu de las Leyes (1748). Tras estudiar diversos sistemas de gobierno, propuso la separación de poderes en ejecutivo, legislativo y judicial como mecanismo para prevenir el despotismo. Esta idea, inspirada en parte por el sistema inglés, se convirtió en el fundamento de las constituciones modernas, incluyendo la estadounidense de 1787. Montesquieu comprendió que las leyes no debían ser arbitrarias sino adecuadas a las circunstancias particulares de cada sociedad: su clima, su historia, sus costumbres.

Pero fueron Denis Diderot (1713-1784) y Jean le Rond d'Alembert (1717-1783) quienes lideraron uno de los proyectos editoriales más ambiciosos de la historia: la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios. Publicada entre 1751 y 1772 en 28 volúmenes, esta obra monumental reunió el conocimiento de la época y lo hizo accesible, desafiando el monopolio de la Iglesia sobre el saber. La Enciclopedia fue también un arma política, ya que, al presentar conocimientos técnicos y científicos de manera sistemática, elevaba el trabajo manual y cuestionaba implícitamente la jerarquía social del Antiguo Régimen.

Así las ideas de la Ilustración nos enseñaron que cuestionar la autoridad no es un acto de rebeldía sino un ejercicio de responsabilidad, y que el conocimiento no es un privilegio sino un derecho fundamental del ser humano. Pienso sin miedo a equivocarme que debemos adentrarnos de nuevo en la ilustración para hacer una revisión robusta de nuestro presente tan lleno de oscuridad.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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