A río revuelto, ganancia de pescadores
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A río revuelto, ganancia de pescadores

Tijuana BC - jueves 12 de febrero de 2026 - Dr. José Alejandro García Galván.
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*geoeconomía, migración y poder en la transición hacia un nuevo orden mundial
Dr. José Alejandro García Galván

TIJUANA BC 12 DE FEBRERO DE 2026.- El sistema internacional atraviesa un momento de agitación profunda. No se trata únicamente de conflictos visibles ni de rivalidades diplomáticas; estamos ante una transformación estructural del orden global. Como en el viejo refrán —“a río revuelto, ganancia de pescadores”— el desorden aparente abre oportunidades inesperadas. En el torbellino de tensiones estratégicas, disrupciones económicas y crisis migratorias, múltiples actores —Estados, bloques regionales y potencias emergentes— buscan capturar ventajas en medio de la incertidumbre.

El río, sin embargo, no se revuelve por azar. Las corrientes que hoy lo agitan responden a tres fuerzas convergentes: la competencia geoeconómica entre grandes potencias, la reconfiguración de las cadenas globales de suministro —especialmente en minerales críticos y tecnologías estratégicas— y la presión migratoria como fenómeno estructural vinculado a desigualdades, conflictos y cambio climático.

La geoeconomía como nuevo lenguaje del poder

Durante buena parte de la posguerra fría, el comercio fue concebido como un mecanismo de integración y estabilización. La Organización Mundial del Comercio simbolizaba la aspiración de un orden regulado por normas comunes. Sin embargo, en la última década —y con mayor intensidad tras la pandemia— la lógica ha mutado. La interdependencia ya no es vista únicamente como virtud; también es percibida como vulnerabilidad.

La disputa por los minerales críticos ilustra con claridad este giro. El control del litio, el cobalto, las tierras raras y otros insumos estratégicos ya no es solo un asunto comercial, sino un componente central de la seguridad nacional. Estados Unidos ha impulsado diálogos multilaterales para reducir la dependencia de China en la cadena de suministro de estos materiales (Reuters, 2026). La lógica es clara: quien controle los insumos de la transición energética y de la revolución digital tendrá capacidad de influencia estructural sobre el resto del sistema.

China, por su parte, consolidó durante décadas una posición dominante en el procesamiento de tierras raras y otros minerales estratégicos. Esa ventaja no fue circunstancial, sino resultado de planificación industrial, inversión estatal y control de infraestructura crítica. En respuesta, Occidente explora fórmulas de “friend-shoring”, es decir, relocalización productiva hacia países aliados, incluso a costa de mayores costos de producción.

Este fenómeno revela una transición desde la globalización optimizadora de costos hacia una globalización estratégica. El comercio deja de ser neutral: se convierte en instrumento de poder.

El Ártico y la reapertura del tablero geográfico

El deshielo del Ártico simboliza el carácter paradójico de esta transición. Un fenómeno vinculado al cambio climático abre rutas marítimas más cortas entre Asia y Europa, reduce costos logísticos potenciales y expone reservas energéticas y minerales previamente inaccesibles (Financial Times, 2025). El espacio polar deja de ser periferia y se convierte en eje de competencia estratégica.

Rusia ha reforzado su presencia militar y logística en la región; Estados Unidos y países nórdicos fortalecen cooperación; China se autodefine como “Estado cercano al Ártico” y participa en proyectos científicos y comerciales. El mapa físico del comercio global podría modificarse si estas rutas se consolidan. En términos históricos, cada transformación en las rutas comerciales ha implicado cambios profundos en el equilibrio de poder.

Aquí el río se agita por razones climáticas, pero las consecuencias son geopolíticas.

Multipolaridad competitiva y el ascenso del Sur Global

En paralelo, los BRICS+ han ampliado su composición y ambiciones. Más que un bloque homogéneo, constituyen un foro de coordinación que busca mayor representación del Sur Global en la gobernanza internacional (CIDOB, 2024). Su expansión refleja el descontento con instituciones financieras tradicionales y el deseo de construir alternativas al sistema dominado por Occidente.

No se trata necesariamente de un reemplazo inmediato del orden existente, sino de una gradual redistribución de influencia. La multipolaridad emergente no elimina la competencia; la redistribuye. India, por ejemplo, equilibra su relación estratégica con Estados Unidos mientras mantiene vínculos económicos con Rusia y China. Brasil proyecta liderazgo regional mientras explora alianzas diversificadas. Arabia Saudita utiliza su peso energético como herramienta de diplomacia ampliada.

En un río turbulento, estos actores medianos y emergentes encuentran oportunidades de maniobra. No compiten frontalmente con las superpotencias; navegan entre corrientes, extraen beneficios y consolidan autonomía relativa.

Migración irregular: síntoma y catalizador

La migración irregular entre América Latina y Estados Unidos representa otra corriente intensa dentro del río global. Las causas son múltiples: violencia estructural, desigualdad, cambio climático, redes criminales y expectativas económicas. Pero el fenómeno trasciende lo humanitario: se ha convertido en un factor central de la política bilateral y en una variable de negociación estratégica.

La frontera México–Estados Unidos funciona como válvula de presión de tensiones hemisféricas. Las decisiones en materia de asilo, deportación o cooperación en seguridad repercuten en cadenas económicas, dinámicas laborales y discursos políticos internos. La migración es, simultáneamente, consecuencia de la inestabilidad y herramienta política.
Además, las remesas constituyen un componente sustancial de las economías de origen, integrándose a la lógica de interdependencia financiera. La movilidad humana, lejos de ser marginal, incide en mercados laborales, políticas fiscales y debates electorales.

Fragmentación económica y costos estructurales

La creciente imposición de aranceles, controles de exportación y subsidios industriales implica costos. La fragmentación comercial puede generar presiones inflacionarias y menor eficiencia global (S&P Global, 2025). Sin embargo, los gobiernos parecen dispuestos a asumir dichos costos en nombre de la resiliencia estratégica.

El dilema es evidente: ¿hasta qué punto puede fragmentarse la economía mundial sin erosionar el crecimiento global? El sistema aún depende de interconexiones profundas. La competencia se desarrolla dentro de la interdependencia, no fuera de ella.

Esta tensión define la etapa actual: no es una desglobalización total, sino una reconfiguración selectiva.

Prospectiva: cuatro direcciones posibles

Frente a este panorama, pueden vislumbrarse cuatro trayectorias:

  • Multipolaridad cooperativa: bloques rivales mantienen competencia económica, pero refuerzan mecanismos de gobernanza para evitar escaladas militares.
  • Fragmentación estructurada: el mundo se organiza en esferas económicas diferenciadas, con menor interoperabilidad.
  • Reforma institucional profunda: organismos multilaterales se adaptan para integrar mejor a potencias emergentes.
  • Competencia disruptiva: tensiones geoeconómicas derivan en conflictos abiertos o crisis sistémicas.

El resultado dependerá de la capacidad de las potencias para gestionar rivalidades sin romper el tejido interdependiente que sostiene el comercio global.

A río revuelto: ¿quién pesca y qué se pierde?

En medio del desorden, algunos países capitalizan ventajas estratégicas. Estados con reservas de minerales críticos atraen inversión; economías puente se convierten en nodos logísticos; potencias medianas diversifican alianzas. Sin embargo, el río revuelto también arrastra riesgos: desigualdad creciente, volatilidad financiera y posibles crisis alimentarias o energéticas.

La metáfora no implica celebración ingenua. Ganar en aguas turbulentas exige habilidad, visión y capacidad institucional. No todos los actores cuentan con esas herramientas.

El mundo no asiste simplemente a una transición de hegemonías, sino a una transformación del modo en que se ejerce el poder. La economía, la tecnología, la logística y la movilidad humana se entrelazan como instrumentos estratégicos. El orden liberal posterior a 1991 ya no define completamente las reglas; pero el nuevo orden aún no cristaliza.

El río sigue agitado. Los pescadores lanzan sus redes.

Preguntas de Reflexión para el Lector

  1. ¿Puede la competencia geoeconómica sostenerse dentro de un marco institucional reformado sin derivar en conflictos abiertos?
  2. ¿Qué papel jugarán las potencias medianas en la configuración de la multipolaridad emergente?
  3. ¿La fragmentación económica fortalecerá la resiliencia estratégica o debilitará el crecimiento global a largo plazo?

¿Y usted, qué piensa?

Referencias Bibliográficas

 

Semblanza del Dr. José Alejandro García Galván

Es Doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de la Frontera Norte 1998-2003, con maestrías en Ciencias Sociales Aplicadas y en Bussiness Intelligence por la UABC y la Universidad de Oberta en España, respectivamente.

Funge como Consejero Electoral en el 6to. Distrito Electoral Federal en la ciudad de Tijuana desde el 2015; catedrático de licenciatura y posgrado en diversas instituciones de educación superior; y Director General de GO Integral SC, consultora de proyectos para organismos gubernamentales e instituciones privadas.

Actualmente, colabora en la Secretaría General Académica de El Colegio de la Frontera Norte, A.C.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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