URBANA – MENTE
Por: Alejandro Mungaray Moctezuma
TIJUANA BC 8 DE FEBRERO DE 2026.- En el estudio denominado Metrópolis de México 2020, elaborado por técnicos especialistas del Consejo Nacional de Población (CONAPO), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), y que fue publicado en 2024, se reconoce que durante las últimas décadas México se ha convertido en una nación cada vez más metropolitana, con una cantidad muy significativa de población que ya reside en este tipo de espacios urbanos.
Se explica que este fenómeno ha generado diversas expresiones de procesos de “metropolización” a lo largo del territorio mexicano, y que estas han sido caracterizadas, tipificadas y diferenciadas por distintas escalas demográficas, económicas y espaciales. Dando como resultado el reconocimiento de 92 metrópolis, conformadas por 421 municipios, mismas que se clasifican en 48 zonas metropolitanas, 22 metrópolis municipales y 22 zonas conurbadas.
Dichas clasificaciones, refieren preponderantemente los siguientes aspectos dimensionales. En el caso de las zonas metropolitanas, son espacios donde la expansión urbana del núcleo central excede los 100 mil habitantes y se ha extendido hacia municipios vecinos, sumando más de 200 mil habitantes en total. Estas zonas cuentan con un alto grado de integración física debido a su concentración poblacional, funcionalidad económica y oferta de bienes y servicios, y son muy relevantes en términos territoriales. En el caso de las metrópolis municipales, son áreas urbanas continuas que no han rebasado límites municipales, pero que cuentan con un peso poblacional relevante de al menos 300 mil habitantes en su totalidad, o que también son sedes de poder político. Por su parte, las zonas conurbadas se reconocen como un conjunto de municipios cuya relación se basa en un alto grado de integración física o funcional intermunicipal o interestatal, pero cuya localidad urbana principal tiene entre 50 mil y 100 mil habitantes.
En este sentido, las 48 zonas metropolitanas referidas se conforman por 345 municipios en los que residen 67.6 millones de personas; en las 22 metrópolis municipales habitan 12 millones; mientras que en las 22 zonas conurbadas viven apenas 2.9 millones, involucrando 54 municipios, reconociendo su potencial crecimiento de orden intermunicipal. Es así, que 82.5 millones de personas viven en espacios metropolitanos, representando un 65.5% de la población nacional.
Por otra parte, también se explica que estas metrópolis contribuyen con el 82.4% del PIB nacional. Del cual, el 70.5% emana de las zonas metropolitanas, mientras que el 9.8% se aporta desde las metrópolis municipales y el 2.1% proviene de las zonas conurbadas.
Esto significa que dos terceras partes de la gente que reside en nuestro país, se concentra en 92 puntos específicos del territorio; y que a su vez, su peso desde el punto de vista económico es determinante para el país.
Al analizar los desafíos que se enfrentan en estos ámbitos metropolitanos, se hace énfasis en lo importante que es comprender la forma de la organización de los procesos sociales que acontecen en estos espacios urbanos, desde el punto de vista demográfico, económico, medioambiental y de gestión gubernamental. También se recalca sobre lo fundamental que es promover la adecuada localización de personas y empresas sobre el territorio, donde la concentración poblacional brinda la oportunidad de reducir desigualdades, aumentar la accesibilidad a servicios públicos, propiciar condiciones medioambientales sanas, así como promover la evolución de los niveles técnicos en materia de planeación y operación urbana.
A su vez, nos invita a reflexionar sobre los beneficios de impulsar el modelo de ciudades compactas que ya está establecido en la Estrategia Nacional de Ordenamiento Territorial (ENOT) 2020-2040, al igual que exhibe la falta de generación y homologación de instrumentos de ordenamiento metropolitano, explicando que menos del 20% cuenta con alguno, y que en su mayoría están desactualizados.
En materia de desarrollo económico, lo esencial es que este se promueva fortaleciendo su competitividad. Anualmente, se mide el Índice de Competitividad Urbana (ICU) en estos espacios, y este ha exhibido que su ritmo de transformación es muy acelerado y cambiante, además de que las estrategias deben tomar en mayor consideración su compatibilidad con el medioambiente.
Al evaluar los retos que estos espacios enfrentan a futuro, los datos sugieren tendencias que indican que la concentración poblacional se seguirá consolidando en estas metrópolis, en vez de prever la creación de nuevas ciudades; y que a su interior, los retos persistirán en la disminución de índices de pobreza, en la provisión de infraestructura, vivienda y redes de servicios más eficientes, al igual que en la integración de zonas periféricas y marginadas.
Sin duda alguna, los hallazgos expuestos en el presente estudio ofrecen una serie de elementos muy interesantes para definir lo que hay que hacer en materia metropolitana tanto a nivel nacional, como a nivel estatal, en Baja California. Evidentemente, ya en los ámbitos locales toca hacer el trabajo fino correspondiente. En este sentido, una cosa que me llamó la atención es que según los criterios metodológicos expuestos en este estudio, la ciudad de Tecate ha sido excluida de la zona metropolitana de Tijuana.
En primera instancia, en la escala nacional, una forma positiva de ver las cosas es que reconocer la relevancia de estos 92 puntos territoriales y el peso específico que representan desde el punto de vista poblacional y económico, permite diseñar estrategias y esfuerzos mucho más focalizados en materia de inversión y planeación. Lo que nos invita a estudiar experiencias innovadoras que han tenido impactos positivos en otras partes del mundo, como por ejemplo, que podría ser interesante evaluar un sistema de trenes de alta velocidad u otros esquemas colectivos regionales, tanto para desplazamiento de personas como de bienes, que interconecten estas 92 metrópolis para contribuir a la consolidación del sistema de ciudades.
A nivel estatal, talvez lo más urgente es trabajar en la configuración de adecuados instrumentos de ordenamiento para nuestros espacios metropolitanos, que en este caso, también permiten contemplar una estrategia de interrelación entre ellos, puesto que sus distancias son relativamente cortas (200 kilómetros de distancia entre Mexicali y Tijuana). Es preponderante buscar que estos instrumentos estén verdaderamente ligados a la operación urbana y fortalecer la cooperación intermunicipal, como también, que se contemplen los aspectos transfronterizos requeridos, con la participación abierta de los distintos sectores y actores estratégicos. Es un hecho que el crecimiento metropolitano entre Tijuana, Tecate y Rosarito está ocurriendo, y ya se visualizan algunas circunstancias urbanas que es preciso atender con un enfoque más integral y sostenible. Es un buen momento para establecer directrices claras y estratégicas que permitan que dicho crecimiento ocurra de una mejor manera.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.