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Tardía reacción

Ensenada BC - jueves 29 de enero de 2026 - El Vigía.
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LA BUFADORA
El Mosquito

ENSENADA BC 29 DE ENERO DE 2026.- Desde Mérida, a más de tres mil kilómetros de esta frontera norte, el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, decidió que ya era hora de que su partido se pusiera bravo. 

Anunció cruzadas contra la sobrerrepresentación, advertencias sobre el crimen organizado en elecciones y hasta la defensa del árbitro electoral. Todo muy correcto, aunque en Baja California ese discurso suena conocido, gastado y, sobre todo, tardío.

Aquí, donde Morena gobierna casi todo y la oposición apenas sobrevive en los municipios con regidurías, el problema no es la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados, sino la subrepresentación de la crítica real. 

El PAN local lleva 15 años viendo pasar elecciones como quien ve pasar tráileres rumbo a la garita, resignado, inmóvil y con la esperanza de que alguno se descomponga solo.

Romero dice que están listos para salir a las calles. En Baja California eso sería una novedad. Hace rato que no se ve al panismo encabezando una protesta que no sea interna, ni defendiendo causas que no suenen a boletín reciclado.

Eso sí, el líder blanquiazul atinó al reconocer que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), aliados de Morena, hoy están más ocupados por no desaparecer que por obedecer la línea.

Jorge Romero también jura que el PAN no pelea por presupuesto ni por pluris, pero en Baja California, donde sin pluris el panismo quedaría reducido a anécdota, el discurso no engaña a nadie. 

Defender la democracia está bien; defender la propia existencia, también. Lo que no cuadra es presentarlo como si fuera una epifanía.

Y mientras el PAN nacional promete huelgas de hambre, aquí lo urgente sería recuperar voz, calle y credibilidad.

Porque sin eso, no hay reforma electoral que alcance.

La pregunta no es si tienen razón -porque en varios puntos la tienen- sino por qué despiertan hasta ahora, cuando Morena ya tiene la mesa puesta, los aliados peleados entre sí y la reforma electoral en el horno.

Romero se queja de que nadie escucha a “millones que pensamos distinto”. El detalle es que durante años a esos millones tampoco los escuchó el PAN cuando detentó el poder.

Eso sí, el panista tuvo un momento de lucidez al aplaudir al PT y al PVEM - ironías de la política mexicana-, partidos satélite de la 4T que ahora están más preocupados por la pluralidad que el propio partido gobernante.

Pero lo de “salir a las calles”, las “clausuras simbólicas” y hasta las huelgas de hambre suena bien para la arenga, pero mal para la credibilidad. 

El PAN no es un movimiento social recién nacido, es un partido con décadas de poder, presupuesto y estructuras. 

Cuando amenaza con protestar como si fuera oposición marginal, más que fuerza transmite desesperación.

Como suele pasar en la política nacional, todos dicen defender la democracia, pero cada quien cuida primero sus intereses.

Rebelión en la granja

En Oaxaca, la revocación de mandato no revocó al gobernador Salomón Jara, pero sí le revocó a Morena la ilusión de que sus alianzas son de hierro. 

Resulta que el PT, ese socio incómodo al que se le toleran desplantes porque “suma votos”, decidió jugar a la oposición sin cambiarse de camiseta. 

Y cuando los aliados se comportan como adversarios, el problema no es el ejercicio democrático, sino es la aritmética política la que comienza a fallar.

El coordinador de la bancada morenista en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, siempre atento a los temblores antes de que se caiga el edificio, salió a pedir conciliación, que nadie se enoje y que nadie se vaya.

Sin embargo, el hecho de que más del 30 por ciento de los votantes oaxaqueños haya pedido la salida de Salomón Jara se explica -dice Monreal- por el desgaste natural del poder… y por el “entusiasmo” de los aliados. Es decir, el PT ayudó tanto que casi logra lo que la oposición no ha podido.

El dato incómodo no es sólo que 350 mil ciudadanos votaron contra el gobernador, sino que en varias ciudades ganó la revocación. Ahí no hubo simulación ni arrebato momentáneo, hubo molestia organizada. 

Y cuando eso ocurre en un Estado gobernado por la joya de la corona morenista, conviene algo más que llamados a la unidad y discursos sobre reflexión colectiva.

La lección es clara, aunque en la 4T no siempre guste leerla, los movimientos se debilitan cuando confunden disciplina con lealtad ciega y cuando creen que los aliados nunca pasan factura. 

Oaxaca dejó un aviso temprano. Ignorarlo, como suele pasar, sería el primer paso para que la próxima revocación no sea sólo un susto político, sino un ensayo general.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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