LA BUFADORA
El Mosquito
ENSENADA BC 20 DE ENERO DE 2026.- Ahora sí, San Quintín volvió a aparecer en el radar del gobierno federal. Y no por casualidad, sino porque la historia -esa que siempre incomoda- volvió a tocar la puerta con movilizaciones, reclamos y una realidad que lleva décadas sin resolverse del todo.
La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que a finales de enero vendrá a Baja California acompañada nada menos que del Gabinete de Seguridad, y cuando el gobierno federal viaja en bloque, no es para cortar listones, sino para apagar incendios o al menos contenerlos.
Y San Quintín, hay que decirlo, sigue siendo una brasa viva con un modelo agroexportador que presume modernidad, pero en una región con asentamientos humanos dispersos y baja calidad de vida que la vida municipal ni su alcaldesa han podido resolver por falta de tiempo, sí, pero también por falta de capacidad política de la alcaldesa Miriam Cano Núñez y su cabildo.
El llamado Plan Integral de Justicia para San Quintín suena bien en el discurso: seguridad social, hospitales, escuelas, guarderías -perdón, CECIs- vivienda y, sobre todo, contratación directa y formal para los jornaleros agrícolas.
Todo lo que durante años se prometió, se diagnosticó y se archivó. Todo lo que empezó, según la propia presidenta, con López Obrador, pero que nunca terminó de cuajar.
El fondo del asunto es que la riqueza que se produce en San Quintín no se queda en San Quintín, y la visita de Sheinbaum ocurre en un contexto clave, pues Baja California sigue siendo territorio estratégico, electoral y productivo.
Aquí no basta con anuncios bien intencionados; aquí la memoria colectiva recuerda cómo planes integrales se quedaron en powerpoints y giras relámpago.
Eso sí, hay que reconocer algo, y es que poner el tema en la mañanera, anunciar presencia federal y hablar abiertamente de justicia social y laboral es un paso que otros gobiernos ni siquiera se animaron a dar. Pero en San Quintín ya no se vive de anuncios. Se vive -mal- de promesas aplazadas.
Así que bienvenida la gira y bienvenido el plan, pero que nadie se sorprenda si los jornaleros, curtidos en décadas de espera, no aplauden de inmediato. En San Quintín ya aprendieron que la justicia no llega en comitiva, sino que llega cuando se cumple.
¿A cambio de qué?
La semana pasada se alborotaron las aguas políticas cuando el Partido del Trabajo (PT), que encabeza Alberto Anaya, decidió asomarse al acantilado y gritar lo que todos saben, pero pocos dicen en voz alta: “sin nuestros votos, no hay reforma”.
Y bastó esa bocanada para que en la Secretaría de Gobernación se encendieran las luces.
Porque cuando Reginaldo Sandoval recordó que el PT no es un adorno en la coalición, sino un socio con 49 diputados y seis senadores, la 4t entendió que no era momento de jugar a la aritmética creativa.
Así que Anaya, viejo lobo del sistema -sobreviviente de sexenios, corrientes y marejadas-, fue llamado a Palacio… bueno, a Gobernación, que para estos efectos funciona igual.
La reunión con Rosa Icela Rodríguez fue, según el comunicado, “cordial y productiva”, que en el dialecto político mexicano significa que nadie gritó, pero todos dejaron claro quién necesita a quién.
Y el acuerdo fue tan sencillo como eficaz: “construir juntos” la reforma electoral. Traducido al español llano: no nos quiten lo que nos mantiene vivos.
Porque el PT podrá ser el partido más pequeño del bloque oficialista, pero sabe perfectamente dónde le aprieta el zapato, que son los plurinominales y el financiamiento público. Por eso el amago, por eso el jaloneo y por eso la rápida operación cicatriz.
Eso sí, el discurso vino envuelto en incienso y alabanzas. Que la unidad, que la coalición, que la justicia social, que el bienestar del pueblo. Al final, todos ganan algo. Gobernación evita una rebelión incómoda antes de que la reforma electoral llegue al Congreso.
El PT refrenda su lugar en la mesa y deja claro que no es convidado de piedra. Y la 4t confirma que su famosa unidad se sostiene, como siempre, con acuerdos políticos más que con afinidades ideológicas.
Moraleja: en la cuarta transformación nadie sobra... pero nadie es gratis
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