Por: Carlos del Valle del Río
@delvalledelrio
CIUDAD DE MÉXICO 15 ENERO 2026.- Lo normal sería que todo cambio trajera como consecuencia una evolución, que ese cambio fuera producto de un proceso que termine en mejorar algo. Pero la política no siempre obedece a principios lógicos, y eso está sucediendo en México.
¿Cómo se explica la reforma electoral que está proponiendo Morena y el grupo en el poder?, ¿qué significa ese burdo intento por adueñarse de los procesos electorales?. La respuesta tiene la simple complejidad de la naturaleza humana, de los egos y las avaricias propias de quienes no tienen una idea de bien común muy clara y su referente es el bien individual.
Son los mismos que hoy proponen una reforma que no busca más que su privilegio y la permanencia en el poder, los mismo que ayer gritaban a voz en cuello que el régimen del PRI era una dictadura de partido. Los mismos que pidieron apertura y que hoy ven el poder como un botín al que tienen derecho por haberlo conquistado, y eso lo hace parte de su patrimonio personal. Y eso es lo que están haciendo, defendiendo el poder como un patrimonio, como algo que les corresponde por derecho propio.
Una reforma electoral democrática debe buscar por todos los medios garantizar la alternancia en el poder, y la debida representación de las minorías, no apuntar en ese sentido hace de la reforma electoral presente un secuestro de la vida política y social.
Hoy ellos son mayoría, ellos sienten la simpatía de un gran número de electores, pero no siempre será así. Todos los regímenes autoritarios del mundo tuvieron un origen popular, aplaudido por las mayorías que vieron una solución a problemas sin resolver, así se originó el nacismo, el fascismo, la junta militar en Chile, la dictadura de Somoza. Cada régimen dictatorial fue aplaudido en su inicio, pero las cosas cambian y en México también cambiarán, antes o después. ¿Y que pasará, entonces, con quienes hoy aplauden el secuestro de la democracia?, de verdad piensan que esto va a durar para siempre, los mil años de tercer reich , duraron un suspiro antes de toparse con la realidad.
Seamos claros, esta reforma electoral no tiene nada que ver con fortalecer el sistema democrático de nuestro país, no tiene nada que ver con crear equilibrios entre mayorías y minorías, nada tiene que ver con dar voz a los ciudadanos frente a los partidos. Por el contrario, tiene que ver con permanecer a pesar de los años y a pesar de los cambios.
Las minorías, hoy 32 por ciento de la población, dejarán de tener una voz, pero la voz predominante será la de otra minoría, que se habla entre ellos mismos, que hacen negocios entre ellos mismos y se felicitan por sus avances sólo entre ellos. Después de tantos años de lucha por avanzar en términos electorales, la pregunta está más vigente que nunca: ¿y para que querían el cambio?
Periodista director de International Journalism Service
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor