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Ensenada BC - jueves 8 de enero de 2026 - EL VIGÍA.
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LA BUFADORA
El Mosquito

ENSENADA BC 8 ENERO 2026.- En el papel, Morena y sus aliados ya tienen lista la baraja de aspirantes “viables” rumbo a la alcaldía de Ensenada en 2027, pero en la realidad política local nadie debería cantar victoria tan temprano. 

A 17 meses de distancia, el horno no está para bollos y el partido en el poder se ha convertido en su peor adversario. La diputada federal Rocío López Gorosave, el secretario del Trabajo, Alejandro Arregui Ibarra, el regidor petista Isaías Bertín Sandoval y la secretaria estatal de Agricultura Mónica Vargas Núñez, aparecen hoy en la fotografía, aunque en política las imágenes se decoloran rápido. 

Faltan 1 año y de 5 meses para las elecciones de 2027, en ese tiempo pudieran surgir yegua o caballo negro -dependiendo del género que le corresponda a Ensenada- y figuras que hoy se manejan con bajo perfil, pero con aspiraciones de figurar, puedan brincar al ring político.

La eliminación de candidaturas externas parece un candado definitivo, aunque ya se escucha el clásico rechinar de bisagras con el nombre del empresario Marco Antonio Estudillo Bernal, a quien no pocos ven como carta de emergencia si los cuadros internos se desgastan antes de tiempo. 

En Morena, la coherencia ideológica suele durar lo que tarda en aparecer una encuesta “patito”.

Mientras tanto, no faltan los suspirantes que se autopromocionan en portales disfrazados de medios informativos, creyendo que a base de publicidad pagada se construyen proyectos serios. 

La realidad es más cruda: a varios apenas les alcanza para la regiduría, pero se venden como si ya tuvieran la silla presidencial apartada.

Y como si el escenario local no fuera suficientemente complicado, se asoman factores externos que pueden alterar el tablero: fuego amigo, campañas negras, errores no forzados y hasta el siempre impredecible efecto Trump en la relación binacional. 

Así que la verdadera pregunta no es quién encabeza hoy las apuestas y supuestas encuestas, sino quién logrará llegar políticamente con vida al arranque formal del proceso. 

En Morena, como en el mar de Ensenada, no siempre sobrevive el que mejor flota, sino el que sabe esquivar las frías y traicioneras corrientes de retorno.
¿Y la oposición?... ¡Bien, gracias!

Reloj electoral

En Palacio Nacional se reunieron el martes pasado los integrantes de la comisión presidencial para la reforma electoral, y tras su reunión con Claudia Sheinbaum, salieron, como suele ocurrir en estos casos, con la promesa de que, ahora sí, dicha reforma va en serio.

Pablo Gómez, veterano de todas las batallas políticas -y sobreviviente de todas las reformas que prometían cambiarlo todo- encabezó la peregrinación. 

Lo acompañaron pesos completos: Rosa Icela Rodríguez y Arturo Zaldívar, señal clara de que el tema no es menor o de que hay que cuidar bien cada coma para que no se alteren demasiado los aliados políticos, léase los dirigentes nacionales del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México.

Dos horas duró la reunión, tiempo suficiente para revisar los resultados de 70 foros en México y Estados Unidos, escuchar lo que ya se sabía y confirmar lo que ya estaba decidido, porque en esto de las reformas electorales, los foros sirven más para legitimar el diagnóstico que para modificarlo.

La mandataria federal ya adelantó el calendario; enero será el mes de la gran revelación. Segunda o tercera semana, dice. Es decir, cuando el Congreso esté calentando motores y la oposición apenas desempacando los argumentos de siempre: que si el autoritarismo, que si el retroceso democrático, que si el INE no se toca… aunque sí se toque.

Las líneas generales ya están sobre la mesa y no sorprenden a nadie. Reducir costos, ajustar el financiamiento a partidos, achicar el Congreso -algo que todos aplauden hasta que les toca perder curules- y reformar las plurinominales sin desaparecerlas, porque eliminar del todo a las minorías suena mal incluso en tiempos de mayorías aplastantes.

Eso sí, la novedad es que ahora se insiste en que los pluris “sí vayan a las urnas”, como si el problema fuera el método y no la percepción ciudadana de que muchos llegan a su curul sin sudar la camiseta.

Y si bien la reforma electoral que se cocina no promete una ruptura radical, sino un ajuste fino -o no tan fino- al sistema, incomodará lo suficiente para que el debate vuelva a polarizarse, porque si algo ha 

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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