LA BUFADORA
El Mosquito
ENSENADA 24 DICIEMBRE 2025.- En este día de reflexión, encuentros y reencuentros, agradecemos a las y los lectores de este espacio por acompañarnos todos los días en el análisis de la vida pública.
La pluralidad de ideas, el debate respetuoso y la participación informada son pilares de nuestra democracia, y cobran especial valor cuando el año llega a su fin.
Que esta Navidad sea una oportunidad para renovar el compromiso con el diálogo y la verdad; para fortalecer la convivencia y mirar con esperanza los retos que vienen.
Desde este espacio, seguiremos trabajando para aportar información, contexto y opinión responsable al servicio de nuestra comunidad.
Les deseamos paz, salud y unión en sus hogares en esta Nochebuena.
Plurinominales en riesgo
En política, como en la vida, no todo lo que se pretende “ahorrar” conviene. Pero hay quienes insisten en vender la idea de que desaparecer las diputaciones plurinominales es el gran remedio contra todos los males: menos gasto, menos “políticos”, más democracia. Suena bien. Demasiado bien.
Porque detrás del discurso austero se esconde otra cosa: más poder para los que ya lo tienen.
Las plurinominales no nacieron para hacerle la vida cómoda a los partidos, sino para corregir un viejo vicio del sistema electoral: que quien gana un distrito se lleva todo, aunque solo haya convencido a la mitad (o menos) de los votantes. Sin ese mecanismo de compensación, el Congreso deja de parecerse al país real y empieza a parecerse al mapa del partido dominante.
Eliminar los escaños “pluris” no acabaría con los abusos, pero sí con los contrapesos. El partido mayoritario podría convertir una ventaja electoral en mayoría absoluta, y una mayoría absoluta en reformas exprés, como ocurre en la actualidad. Así que poco debate, menos disidencia y… muchos aplausos.
Es necesario que definan su postura quienes decidirán sobre este tema, como los diputados federales Claudia Moreno Ramírez y Armando Fernández Samaniego, así como el senador Armando Ayala Robles, quienes representan a los ciudadanos de Ensenada, y que antes de emitir su voto sobre la reforma electoral, sería ideal que le preguntarán su opinión.
También valdría la pena que un diputado plurinominal, como Fernando Castro Trenti, exprese su punto de vista al respecto.
Sin minorías
¿Y las minorías? Bien, gracias. Partidos pequeños, causas incómodas, regiones que no votan “correctamente”: todos fuera del reparto. No porque no tengan respaldo, sino porque su respaldo no alcanza para ganar distritos. Votos que existen, pero que no cuentan.
El argumento del ahorro tampoco resiste mucha revisión. El dinero que se dejaría de gastar es mínimo frente al presupuesto nacional, pero el costo democrático es alto.
Menos voces, menos pluralidad, menos incentivos para negociar. Congresos más baratos, sí; también más dóciles.
Y ojo: el vacío no lo llenan ciudadanos independientes ni perfiles técnicos. Lo llenan los de siempre. Los que controlan territorios, estructuras y lealtades.
Los cacicazgos locales, esos que saben ganar elecciones, aunque no siempre sepan legislar.
Así que antes de aplaudir la desaparición de las plurinominales, convendría hacer la pregunta incómoda: ¿queremos un Congreso más pequeño o uno más obediente? Porque no es lo mismo adelgazar la nómina que adelgazar la democracia.
Y eso, como suele pasar, termina saliendo caro. La historia lo confirma.
Los aliados
Pero cuando se puso sobre la mesa la idea de desaparecer las diputaciones plurinominales, no todos en la “4T ampliada” aplaudieron. Porque una cosa es el discurso de ahorro y pureza democrática, y otra muy distinta es quitarle la escalera a quienes no saben volar solos.
En el Partido del Trabajo (PT) levantaron la ceja y dijeron: “Momento”. Para el PT, que preside Alberto Anaya, las plurinominales no son un lujo ni un abuso, sino el salvavidas histórico de las minorías políticas, esas que no ganan distritos pero sí juntan votos.
Quitar la representación proporcional -argumentan- sería regresar a los tiempos en que el Congreso era un club exclusivo de mayorías aplastantes, sin voces incómodas ni contrapesos. Y, seamos sinceros, el PT nació, creció y se reprodujo políticamente gracias a ese mecanismo.
Del lado del Partido Verde, la cosa va por el mismo carril, aunque con discurso más “ecológico”: hablan de equilibrio, pluralidad y diversidad, palabras bonitas que en el fondo significan lo mismo: sin plurinominales, el Verde se marchita.
Porque ganar distritos, lo que se dice ganar distritos, no es precisamente su fuerte. Y eliminar esa vía sería dejar el Congreso en manos de quien ya domina el mapa electoral.
Así que la oposición del PT y el Verde no es un arranque ideológico ni un acto de rebeldía. Es política pura y dura: defender la pluralidad… y de paso, defender el negocio. Porque en el Congreso, como en la vida, nadie vota para quedarse sin silla.