TIJUANA BC 8 DE NOVIEMBRE DE 2025.- Es evidente que estamos transitando una época de cambios y debemos adaptarnos a ellos, quizás para no vernos como eternos buscadores de quimeras hundidos en tiempos idos.
Pero todo indica que esos mismos giros acelerados de nuestra vida actual, entre tanto ‘fake news’ y verdades sin comprobar, hace que nos preguntemos ¿qué es verdad o mentira de lo que se dice diariamente? Las redes sociales, a quienes agradezco su descubrimiento en muchos aspectos, tienen un talón de Aquiles evidente que consiste en engañar al que lee una información en ellas y si bien es cierto que hay casos honorables en el manejo de éstas, también es real que cualquiera puede emitir comunicados a través de su servicio sin comprobar fuentes fidedignas ni rendirle cuentas a nadie. Es posible ajusticiar a un personaje conocido, o encumbrarlo hasta límites inmerecidos en cualquier ámbito; desde el empresarial o deportivo hasta el artístico, pasando por la infaltable política, sin el menor temor a que alguien pueda condenarlo por sus hechos inventados, tergiversados y maliciosamente dirigidos. Parece no haber castigo para esta sarta creciente de seudo informadores e inexpertos comunicadores que pululan sin control ni mesura.
En lo dicho, la verdad y la mentira en entredicho, sin saber cuál es la buena, la que todos debemos tomar como más cercana a la verdad que la mayoría buscamos cuando queremos enterarnos de algo y que alguien con decencia y profesionalismo nos relate los hechos sin sesgos tóxicos o contratos sospechosos donde impere el dinero, que le indiquen u ordenen al emisor qué se debe decir como verdad y qué se debe disfrazar con mentiras.
Venturosamente Dios nos proveyó de un cerebro ‘con raya al medio’ y lo separó en dos hemisferios. Esta confabulación fisiológica tal vez contribuya a que veamos el mundo moralmente dividido en dos: lo Bueno y lo Malo. Aunque a esta altura de nuestra civilización humana, ninguna persona inteligente está segura de nada, sobre todo porque ahora, decididamente, el ser humano debe competir de frente contra la otra inteligencia, la mal llamada artificial, que trae al mundo acelerado y ocupando puestos de trabajo, aunque se afirme que se están creando nuevas plazas laborales. Habría que avisarles a los sindicatos, a ver qué opinan ellos y quiénes les pagarán las cuotas de ahora en más. Queda la gran duda, porque hoy hasta para darse el lujo de dudar, hay que cruzar esa frontera tan cómoda que señala la diferencia, entre los que bregan por cambios acelerados y los que prefieren que las cosas marchen al ritmo que marca implacable esta nueva era tecnológica.
Verdad y mentira
Lo que sí es cierto, es que estoy medianamente seguro, que sólo aquellos que creen que existe la verdad pueden asegurar –con avasallante convicción- que también existe la mentira, su molesta contracara permanente, que utilizan desde prominentes empresarios, pasando por profesionistas avezados hasta llegar a funcionarios de gobierno en turno.
A menudo somos testigos de aquellos que enarbolan verdades absolutas, que pueden ser aptas para ellos pero que las exigen omnicomprensivas, suelo experimentar rechazo instantáneo si el heraldo es minúsculo o miedo si es poderoso y arrastra tras de sí grupos de conversos, que suelen ser tan enérgicos como enrarecidos. Aunque parezca alarmante, es prudente inferir que la verdad no significa un hecho único, ni aprehensible en una sola afirmación. Suele ser múltiple, variable, paradojal, contradictoria y de una complejidad que supera la capacidad de comprensión de la mayor parte de las personas.
Si esto es cierto, como consecuencia es válido conjeturar que la mentira, como justificación de la verdad, padece de la misma complejidad que impide una única y certera definición.
Ya establecida escuetamente la vaguedad mutua de la verdad y de la mentira, conviene que hagamos una ‘escala técnica’, que no significa intentar incurrir en el cinismo, y mucho menos, en la rápida consecuencia de que todo es igual, y que por lo tanto cualquiera está habilitado para incursionar en la tropelía y el despropósito. Nuestra experiencia como integrantes de la raza humana y las desventuras del mundo actual nos indican con claridad la idéntica peligrosidad de los cínicos y los intolerantes, que se potencian hasta las calamidades públicas cuando tienen la posibilidad de ejercer el poder.
La complejidad de la verdad y de la mentira no desvanecen la necesaria existencia de algunas certidumbres, que son –ni más ni menos-, las que nos permiten establecer las reglas de convivencia dentro de una sociedad tan globalizada y medianamente civilizada, en la que sea posible el maravilloso desafío de crecer, encontrando la armonía entre la tolerancia y la moral. Este cruce es un verdadero contratiempo, puesto que en el territorio oficial de lo bueno y lo malo las cosas son mucho más sencillas. Por ejemplo, si tuviéramos que ubicar la mentira en un encuadre ético simple ¿dónde la colocaríamos? La mentira no figura entre los Siete Pecados Capitales, pero sí aparece en las Tablas de la Ley: “No levantarás falso testimonio”, dice el Octavo Mandamiento. San Agustín se dedicó a analizar el tema con detalle y a profundidad, con clasificación de mentiras y fuertes reconvenciones incluidas.
La mentira interior
La definición más elemental de la mentira es lo contrario a la verdad. Esta simple especulación puede llevarnos a graves conclusiones filosóficas, puesto que la verdad es una idea algo escurridiza y mutante.
¿Qué es la verdad? ¿Dónde está? ¿Con qué se come? En un sentido metafísico, la verdad se burla de los axiomas y hasta de las tablas de logaritmos.
Por cada teorema demostrado en un pizarrón de escuela, la verdad nos salpica los ojos con paradojas, falacias, antimateria y agujeros negros. Con relación a la poesía, el poeta señaló:
“Lo que bien amas permanece, el resto es escoria”. El mundo entero se vendría abajo si tuviese que discutir una verdad poética de semejante calibre.
Todos los sabios de la historia, filósofos, científicos y escritores han trabajado con el tema de la verdad sin mayores esperanzas, o por lo menos, sabiendo que encontrar la verdad es como crucificar una mariposa. Qué nos queda entonces a nosotros, pobres almas de modestos recursos, cuando tratamos de buscar la verdad dentro de nosotros.
Buscarla, atrapar esa mariposa, es una tarea ímproba y árida, pero no imposible. Son pocos los que se empeñan en esa tarea, y eso configura la forma más simple de mentira interior, las más inocua, la que aparece no para disfrazar o esconder la verdad, sino simplemente para reemplazarla, porque se la desconoce por completo. En este caso la mentira se llama engaño. O más explícitamente, autoengaño, porque esta forma de mentira no daña a nadie más que a uno mismo, y ni siquiera. A veces amortiza alguna verdad demasiado intensa, o demasiado incómoda. Puede obedecer a una cuestión de pereza o falta de convicción.
En algún sentido todos mentimos. Mienten las estadísticas y las apariencias, y al contrario de lo que comúnmente se piensa, mienten los niños y también los beodos, porque esa
versión tan común que ‘el alcohol nos acerca a la verdad’ es otra mentira comprobada.
Así como decimos ‘mucho gusto en conocerlo’ a una persona que a todas luces no es agradable, así como mentimos por cortesía en una reunión, también por necesidad en un
currículo vitae, mentimos por precaución para proteger un secreto, mentimos por caridad, por pereza, por inseguridad y por miedo, del mismo modo nos mentimos a nosotros mismos de la manera más común por la simple omisión de buscar la verdad. Esto no es condenable, naturalmente, pero tal vez sea una lástima. La vida podría ser tanto más interesante si de vez en cuando uno se metiera dentro de sí e intentara cazar mariposas.
Creencias y convicciones Mi creencia en la complejidad de la mentira y de la verdad se traduce en una personal impotencia para formular sobre éstas, definiciones breves, precisas y ciertas, pero no me ahorran el vivir en un mundo donde ellas existen y donde son muchas las ocasiones en las que se las vive en carne propia. Es muy cierto que lo que a veces es verdad para unos, pueden ser mentira para otros, pero también ocurre que no son menos los casos en los que lo que es verdad o mentira para unos, puede serlo para todos.