La presencia infinita de Guadalupe
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La presencia infinita de Guadalupe

Tijuana BC - jueves 12 de diciembre de 2024 - José Alfredo Ciccone.
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José Alfredo Ciccone

TIJUANA BC 12 DICIEMBRE 2024.- Más allá de los certeros datos históricos que certifican su presencia, como sus más de once millones de seguidores que la visitan cada 12 de diciembre. Vienen de todo México y el extranjero a verla, rezarle, pedirle, saludarla y renovar la fe inquebrantable que le tienen, la virgen representa un voto de devoción, para muchas almas que buscan su apoyo, al margen de sus milagros, que cada año, fieles del mundo entero confirman.

Los impactantes y comprobados estudios oftalmológicos realizados en su manto sobre sus ojos por especialistas y ampliados con tecnología digital, muestran claramente que se ve retratada la imagen del indio Juan Diego, también cuando detectaron que al acercarles una luz, sus retinas se contraen y al retirarla se vuelven a dilatar, como ocurre en un ojo vivo, o un estudio preciso que nos dice que la temperatura de la fibra del maguey con que está construida la tilma, o prenda de vestir de la virgen, mantiene una temperatura constante de 36.6 grados, exactamente la misma que el cuerpo de una persona viva.

Otro dato que asombra, es que el manto con la imagen, en condiciones normales y sin cuidados especiales, no podría perdurar más de uno o dos siglos, sin embargo éste lleva casi cinco siglos de haberse ‘pintado’ y se mantiene intacto a la vista de todos, fieles y creyentes, o no, más aquellos claramente escépticos a las imágenes religiosas. 

Hace algunos años se hizo un análisis profundo y posteriormente una prueba, para comprobar la duración con una pintura similar y ésta se desintegró después de algunas décadas. En el año 1791 se volcó accidentalmente ácido muriático en el lado superior derecho de la tela y en 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstituyó milagrosamente el tejido dañado. Las 46 estrellas visibles en el manto de nuestra virgen, reflejan con exactitud la configuración y posición que el cielo mexicano presentaba justo el día en que se produjo su aparición, en el solsticio de invierno en aquel lejano 1531. 

Es claro que hay gente que, razonablemente, desde su prisma y respetables creencias personales, desconfían de estos datos, pero aquí hay información seria para todos, por ejemplo, cuando científicos de la NASA -Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio-, afirman que el material que originan los colores del manto, no está compuesto por ningún elemento natural o químico conocido en el Planeta Tierra. Cuando hicieron pasar un poderoso rayo láser en forma lateral sobre la tela, comprobaron que la coloración de la misma no está en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan, literalmente, a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo.

En casi todo el mundo saben quien es ella, Nuestra Señora de Guadalupe, o La Virgen del Tepeyac, o como su nombre indígena lo indica, Tonantzin Guadalupe.

Sus devotos se cuentan por millones, sus milagros, a través de los siglos, continúan vivos igual que la fe que le profesan generaciones renovadas en tantos años. Siempre habrá en algún lugar del mundo, un relato extraordinario que tenga que ver con ella. A su manto sagrado, todavía le siguen buscando explicación, científicos, expertos en imágenes, antropólogos y hasta especialistas en Inteligencia Artificial, que continúan indagando sobre la verdad de aquella historia que asombró a tanta gente y sigue tan venerada como el primer día de su aparición. A través de los años, por México pasaron políticos, funcionarios de toda laya, ruidosas y mortales revoluciones, devaluaciones de todo tipo, gobiernos de variados colores e intenciones y esperanzas tan fallidas como renovadas y ella, continúa ahí, firme y confiable. Nuestra señora de Guadalupe permanece incólume, bella y cada día más empoderada por el genuino amor de la gente.  

Mientras tanto, en Latinoamérica, la morenita del Tepeyac, sigue brillando en presencia. Me llamó poderosamente la atención, que en Buenos Aires, haya una iglesia de la Virgen de Guadalupe, más una escuela con su nombre y hasta en la mismísima Basílica de la Virgen de Luján, la número uno en seguidores fieles -no virtuales-, de Argentina, Guadalupe tiene un espacio físico importante, donde los devotos de su imagen pura y venerada, acuden a rezarle, un lugar en que los humanos buscan paliar los males que los aquejan, confiados en su imagen sagrada. Ahí encontré argentinos, chilenos, paraguayos, brasileros y mexicanos en el exilio comercial voluntario, visitándola, pidiéndole ayuda espiritual para sus necesidades y dándole las gracias por los milagros recibidos.

No olvidemos que hace apenas unos días, en la recién reconstruida -de culto católico-, Basílica y Catedral de Notre Dame, en París, nuestra Virgen de Guadalupe tiene un espacio muy importante en uno de los altares laterales, que es de los que recibe mayor cantidad de visitas, en ese templo histórico francés que data del año 1163. 

Cuánta devoción despierta la presencia Guadalupana, cuánta admiración y fe depositada en su bondad infinita, en su cercanía indiscutible con Dios, visitarla se constituyó en una experiencia auténticamente reveladora, de apertura ante el enigma, propio de esos instantes extraordinarios en que algo de esa figura se ilumina y adquiere una comprensión inédita, única y tan cercana al corazón de todos. Su imagen sagrada, sigue representando una diáfana luz incluyente de amor y paz.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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