Por: Alejandro Ramírez
CIUDAD DE MÉXICO 24 DE MAYO DE 2026 (AFN).- La noche en Ciudad Universitaria terminó teñida de azul. Pumas y Cruz Azul disputaron una final cargada de tensión, historia y simbolismo, pero fue La Máquina la que encontró el golpe definitivo en el momento más cruel para el conjunto universitario. Con un triunfo de 2-1 Cruz Azul se coronó campeón del Clausura 2026 y alcanzó su décimo título de Liga MX.
El duelo había llegado completamente abierto tras el empate sin goles en la ida. Pumas apostó por la intensidad y el respaldo de su afición en CU, mientras Cruz Azul arribó con la confianza de una liguilla sólida y el impulso emocional de un equipo que encontró estabilidad en el momento más importante del torneo.
Durante buena parte del encuentro, los universitarios parecían más cerca de romper la sequía de 15 años sin campeonato. El paraguayo Robert Morales adelantó a los auriazules y encendió el Olímpico Universitario, donde miles de aficionados soñaban con la octava estrella. Sin embargo, el futbol volvió a demostrar su capacidad para cambiar una historia en cuestión de minutos.
Cruz Azul reaccionó en el segundo tiempo gracias a la presión constante sobre la defensa auriazul. Un autogol de Rubén Duarte devolvió a los celestes al partido y el cierre fue un asedio permanente. Cuando el encuentro parecía encaminarse al alargue, Rodolfo Rotondi apareció en tiempo agregado para marcar el 2-1 definitivo y silenciar Ciudad Universitaria.
La final también tuvo un fuerte componente emocional y mediático. La serie fue presentada como una nueva edición del llamado “Clásico de la Obsesión”, una rivalidad que creció de manera explosiva tras la histórica remontada de Pumas sobre Cruz Azul en las semifinales de 2020.
Desde entonces, cada enfrentamiento entre ambos clubes capitalinos adquirió un tono especial, alimentado por redes sociales, eliminaciones directas y disputas simbólicas por la identidad futbolística de la ciudad.
Además, el duelo representó algo poco habitual en el futbol mexicano moderno: una final entre dos entrenadores mexicanos jóvenes. Efraín Juárez llevó a Pumas a recuperar protagonismo después de años de irregularidad, mientras Joel Huiqui tomó el mando celeste en la recta final del torneo y terminó construyendo una historia inesperada.
Para Cruz Azul, el campeonato significa mucho más que una estrella adicional. Es la confirmación de un proyecto que sobrevivió a cambios técnicos, presión institucional y fantasmas recientes. Para Pumas, en cambio, queda una derrota dolorosa: otra final perdida en casa y una sequía que ya pesa demasiado la memoria de su afición.
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