REFLEXIÓN DEL DIA.-
Por: Esteban Capella Ibarra
TIJUANA BC 24 DE MARZO DE 2026.- Los recientes acontecimientos, las quejas permanentes de los ciudadanos y las variables evidentes en la vida pública del Estado apuntan cada vez con mayor claridad a una idea: Baja California se encuentra, una vez más, lista para una transición. No es una afirmación aislada, se sostiene en lo que diariamente se escucha en la calle. Hay un desgaste evidente en la relación entre gobierno y sociedad. Se repiten las inconformidades: sobrerregulación que complica la vida del ciudadano y del empresario, sanciones excesivas, actos de extorsión por parte de elementos policiacos, atención inhumana en instituciones públicas y promesas incumplidas, especialmente en temas de infraestructura, donde las vialidades deterioradas e intransitables se han vuelto parte del día a día.
A esto se suma un factor igual de relevante: la fragmentación interna del partido que hoy gobierna el Estado y los municipios. Las pugnas, desacuerdos y disputas internas ya no son discretas, comienzan a hacerse visibles y eso debilita cualquier intento de proyectar orden y dirección. En ese contexto, lo ocurrido recientemente en el ámbito jurisdiccional con el ex gobernador Jaime Bonilla se convierte en un elemento más que abona a esta percepción de descomposición. Más allá del tema legal, el mensaje político es claro: no hay cohesión.
Incluso, se ha señalado que desde la presidencia de Claudia Sheinbaum existía la intención de mantener coordinación y armonía entre los distintos grupos del partido en el poder, situación que al parecer no se logró en Baja California. Cuando la línea política no se sostiene y los conflictos internos salen a la luz, el desgaste se acelera y se vuelve evidente para todos.
Con estos elementos sobre la mesa —el descontento social, las deficiencias en la gestión pública y la ruptura interna— resulta difícil no ver el escenario que comienza a configurarse. En un año electoral como lo será 2027, no parece arriesgado considerar que Morena podría perder el control político del Estado. No se trata de una suposición, sino de una tendencia que se construye todos los días en la percepción ciudadana.
Quienes vivieron 1989 recuerdan bien ese momento en que todo cambió. No son las mismas condiciones, pero sí existen similitudes: el hartazgo social, la pérdida de confianza y la necesidad de una alternativa. La historia no se repite exactamente, pero sí deja señales, y hoy esas señales parecen indicar que Baja California está nuevamente ante una decisión de fondo.
La pregunta ya no es si habrá cambio, sino quién estará preparado para encabezar esa transición.
Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.