Breve recuento de marchas feministas en CDMX
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Breve recuento de marchas feministas en CDMX

CIUDAD DE MÉXICO - domingo, 8 de marzo de 2020 - La Silla Rota.
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CIUDAD DE MÉXICO 8 DE MARZO DE 2020 (La Silla Rota).- Pese a que en los últimos meses han sido notorias las protestas de mujeres y feministas contra la violencia de género en la Ciudad de México por la forma en que éstas han escalado, las manifestaciones no son ninguna novedad pues en más de un centenar de ocasiones las mujeres han convocado a protestas en la capital.

De acuerdo con un estudio de la Agencia de Comunicación e Información de la Mujer (Cimac), de 2007 a 2017 se registraron al menos 124 manifestaciones en la Ciudad de México por lo que hasta este 2020 la cifra podría ser mayor a 130 manifestaciones de este tipo.

Esta cifra, pese a ser elevada, es mucho menor a las dimensiones de la violencia de género pues de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo, de 2017 a 2019 se registraron 151 feminicidios en la Ciudad de México y 2 mil 613 a nivel nacional. Es decir, en más de 10 años de manifestaciones en la capital no se cubre ni la tercera parte de los feminicidios ocurridos en el país.

Sin embargo, hay que destacar, tal como lo hace la Agencia Cimac, los feminicidios no son la única causa por las que las mujeres y colectivos feministas han convocado a manifestaciones; otros motivos por los cuales se ha convocado incluyen las desapariciones de seguridad, las declaraciones del Gobierno o actuar de servidores públicos, la exigencia de mejores condiciones de vida, de luchas por los derechos humanos y reproductivos, así como en paralelo de la defensa de la libertad de expresión.

Sin embargo, en La Silla Rota hacemos un breve recuento de las marchas más representativas en los últimos años:

2007, 2008 y 2009: Violación de Atenco

Durante varios años se registraron diversas manifestaciones frente a la Fevimtra por el caso de violación a mujeres en San Salvador Atenco, Estado de México ocurridas el 3 y 4 de mayo de 2006 en los operativos policíacos. 

Cientos de mujeres alzaron su voz junto a las víctimas que reclamaron la violación a sus derechos, su integridad física, su libertad y dignidad.

2009 y 2010: Derechos reproductivos y asesinatos de periodistas

Ante la creciente ola de asesinatos de periodistas, la Ciudad de México fue testigo de varias protestas feministas en contra de los asesinatos de profesionales de la comunicación, así como de activistas.

Por otra parte, ante la inminente publicación de la aprobación de la Interrupción Legal del Embarazo, algunas modificaciones de la NOM-046 que buscaba legalizar la objeción de conciencia por parte de los médicos que fueran a practicar un aborto, cientos de activistas, colectivos y organizaciones protestaron de manera pacífica para solicitar a las autoridades del sector salud, una reconsideración en esta normativa.

2011: Asesinato de Marisela Escobedo

Al iniciar enero y cumplirse un mes del asesinato de Marisela Escobedo, madre de una víctima de feminicidio en Ciudad Juárez, cientos de mujeres ataviadas de blanco, velos, veladoras y pancartas cuyas consignas como "¡No + sangre!" o "Ni una más" comenzaron a tomar fuerza.

2012: El inicio de las marchas de la dignidad

La oleada de inseguridad en todos los estados así como las campañas presidenciales reavivaron las protestas de mujeres, quienes pidieron mayor seguridad en las campañas de lactancia, así como por una exigencia de alto a los feminicidios.

Sin embargo, una de las protestas más emblemáticas fue el inicio de las marchas por la dignidad, realizadas por parte de madres de desaparecidos, durante el día de las madres o en fechas cercanas.

2013 y 2014: Por la legítima defensa

El caso de Yakiri Rubio, una joven que mató a un hombre que intentó abusar sexualmente de ella, inició una serie de protestas feministas desde plataformas virtuales hasta en las calles.

Junto a la familia de la joven que estuvo presa por asesinar a su agresor, cientos de mujeres realizaron protestas pacíficas, plantones y performances en muestra de solidaridad frente a la Procuraduría capitalina en busca de visibilidad de los casos de las mujeres que ejercen la legítima defensa para impedir ser víctimas de violación o feminicidio.

2015: Feminicidio y Ayotzinapa

Tras la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, las movilizaciones sociales en la capital se intensificaron y con ellas, los movimientos de madres de víctimas se intensificaron.

Además de las movilizaciones del 8 de marzo, las movilizaciones para exigir justicia por Mariana Lima Buendía originaron una sentencia que fue calificada como histórica por diversas organizaciones civiles puesto que la Suprema Corte de Justicia ordenó la revisión del caso, siendo el primer pronunciamiento del tribunal con respecto al feminicidio en México y la investigación con perspectiva de género.

2016: La llegada de la primavera violeta

La escalada en el acoso callejero, la violencia de género y el feminicidio derivó en una de las primeras manifestaciones más grandes de la historia reciente en materia de género.

El 24 de abril inició "La primavera violeta", una manifestación pacífica convocada a nivel nacional para demandar justicia hacia las víctimas y fin a la injusticia social.

Asimismo, el multihomicidio en Narvarte originó múltiples protestas en contra de la revictimización de las mujeres asesinadas en el caso.

2017: Lesvy Osorio, Miroslava Breach y Mara Castilla

Para este año, la cifra de entre 6 y 7 mujeres asesinadas al día comenzó a calar a nivel social y en el caso de 2017, éste fue un año mortífero para los periodistas donde uno de los casos más emblemáticos fue el de la periodista de Chihuahua, Miroslava Breach.

Sin embargo, meses más tarde el nombre de Lesvy Berlin Osorio se replicó en todo el país tras ser asesinada por su novio en Ciudad Universitaria; el caso de la joven inicialmente fue revictimizado por las autoridades capitalinas y tratado como un suicidio, lo cual desató decenas de performances en la UNAM, protestas pacíficas, veladas y manifestaciones masivas exigiendo justicia por la joven.

Posteriormente, la desaparición de Mara Castilla tras abordar un taxi Cabify en Puebla resonó en todo el país y con la noticia del feminicidio, múltiples manifestaciones fueron convocadas para exigir justicia y seguridad a empresas y autoridades.

2018: La Marea Verde

Sumado a las protestas del 8 de marzo y del 10 de mayo y a las convocatorias en contra de la violencia de género, 2018 fue un año crucial para la exigencia de las mujeres en materia de derechos reproductivos.

Luego de que a mediados de año en Argentina se analizaba la legislación a favor de la interrupción del embarazo, la famosa marea de pañuelos verdes llegó a México y por supuesto, a la capital.

2019: De la diamantina a las acciones directas

Además de las protestas tradicionales, la segunda mitad del 2019 tuvo una intensificación de las protestas feministas.

Con el caso de la denuncia de una menor de haber sido violada por policías en la alcaldía Azcapotzalco, las manifestaciones "No me cuidan, me violan" estuvieron llenas de diamantina rosa y marcaron el inicio de acciones directas en edificios públicos y monumentos pues aunque las pintas eran el común denominador de toda manifestación, la quema de edificios y pintas en monumentos no era algo muy habitual.

Desde agosto hasta diciembre, decenas de performances, protestas pacíficas, desencuentros entre policías y manifestantes, quema de oficinas y pinta de monumentos pusieron bajo la lupa a las protestas de mujeres en contra de la violencia.

2020: Justicia para Ingrid, Fátima y todas

Luego de que enero iniciara tranquilamente, febrero comenzó con intensidad luego de que el caso del feminicidio de Ingrid Escamilla tuviera notoriedad con la filtración de fotografías de su cuerpo asesinado y con ello, grupos feministas convocaran a protestar en las sedes de los medios de comunicación que publicaron dicho material de investigación pericial.

Una semana después, el feminicidio de la niña de 7 años, Fátima Cecilia, convocó a protestas y se espera que tanto por la menor como por Ingrid y todas las víctimas de feminicidio y violencia de género lleguen muchas mujeres a la protesta este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y el 9 de marzo en el Paro Nacional de Mujeres.

No hay oposición más sólida en México que la feminista

Se podría decir que no es la primera vez que lo pensamos de este modo. El feminismo siempre ha sido –desde su origen- un movimiento disruptivo y contestatario, que alza la voz ante la apabullante y estruendosa realidad de la desigualdad por razón de género. 

En una realidad construida desde el machismo patriarcal, México no ha avanzado en construir un mundo equitativo, libre y no violento para las mujeres.  La realidad cotidiana que enfrentamos mujeres, jóvenes y niñas en nuestro país, habla de bajos salarios, jornadas autoimpuestas de cuidado, acoso y hostigamiento en la escuela, el trabajo y los espacios públicos. Y por supuesto, de una brutal violencia feminicida que no ha podido ser frenada ni contenida. 

Sin embargo, la discusión política derivada de esta alarmante escalada de violencia feminicida, está hoy ocupando un lugar diferente en el espacio público, logrando reacomodarse de manera distinta frente a las discusiones polarizadas que protagonizan tanto simpatizantes como opositores al régimen. 

El feminismo hoy tiene suficientes argumentos para demandar la acción concreta de un estado que parece paralizado, mientras las cifras de violaciones, secuestros, trata, violencia y feminicidios aumentan cada día, sin señales de que estén intentando ser detenidos bajo alguna estrategia efectiva. 

Mientras la oposición no encuentra una postura crítica sólida que le valga la credibilidad que perdió en las urnas, los reclamos feministas están encontrando eco y apoyo en una población que, en búsqueda de referentes de opinión y crítica fundamentada, están empezando a comprender la justa exigencia para denunciar y detener la violenta brutalidad que las mujeres enfrentamos día con día. 

Si una oposición crítica se define por un análisis certero de las problemáticas, una exigencia de atención hacia las causas justas y legítimas, una interlocución válida y objetiva con propuestas de solución y una amplia base de personas que buscan colocar sus temas prioritarios en la agenda pública; entonces es claro que hoy por hoy, no hay oposición más sólida en México que la feminista. 

Por eso no es de extrañar el repentino interés de sumarse a ella por parte  de "influencers", partidos políticos, asociaciones y periodistas que nunca habían apoyado de manera decidida estos temas en los últimos años. 

El asunto va más allá de señalar a quienes –en lo que parece más oportunismo político, que verdadero compromiso- se suman a esta ola que hoy parece tener más fuerza que nunca. 

Si bien en buena medida, esta nueva visibilidad tiene origen en el hartazgo y la rabia, también hay que decir que vivimos una coyuntura donde hacen falta nuevas voces y expresiones de lucha colectiva. 

Las feministas jóvenes están empezando a construir un discurso propio, incluso alejado de los enunciados tradicionales y de las voceras conocidas, con las cuales ya no se identifican del todo. Esta renovación ha traído discusiones interesantes que no sólo dialogan con el pasado mismo del feminismo, sino con las estrategias tradicionales de lucha social y política. 

También ofrece una nueva forma de movilización en redes que ya no requiere de los medios tradicionales para existir. Por tanto, las puertas cerradas en medios e instituciones no son ya un obstáculo para que las personas se informen, se movilicen o apoyen. 

Ello no sólo ha generado mayor amplitud en el mensaje, también una nueva y peculiar forma de violencia que no es conveniente invisibilizar. El temor de salir a las calles, se transformó paulatinamente en el miedo al linchamiento mediático. Y ello también se comparte con otras expresiones de oposición, afirmando que se trata de una postura que incomoda y descoloca los postulados del debate tradicional.

En el momento del feminismo actual, no es de extrañar que otras corrientes busquen sumarse y aparecer como afines a la causa. Sin embargo, la agenda feminista es más amplia que el tema de la violencia – pensemos en el aborto legal, la jornada reducida o el sistema de cuidados- lo cual implicaría el cuestionamiento a estructuras anquilosadas que las tradicionales corrientes políticas probablemente no estarían dispuestas a cuestionar. 

Pero de todas estas razones, la principal que hace aparecer al feminismo con una nueva oposición, es su distanciamiento ideológico con el nuevo gobierno. Una 4T que no ha construido diálogos claros frente a las demandas feministas, está hoy siendo fuertemente cuestionada por algunas de las mujeres que le apoyaron en campaña y votaron por el cambio. 

Es así que el Presidente Andrés Manuel López Obrador actualmente no tiene en sus tradicionales "adversarios" la verdadera oposición a su gobierno. Esta oposición se compone hoy de mujeres que exigen respuestas, tienen propuestas y saben cómo movilizar. Es momento de reconocer que no habrá ninguna transformación verdadera que no tenga enfoque de género y combata de manera deicidida la violencia que vivimos. Y aquí estamos. Con el puño en alto, el pañuelo verde y la playera morada, esperando que esta vez no seamos nuevamente ignoradas. 

Cómo beneficia el feminismo a los hombres

Sabemos que el movimiento feminista es un movimiento social que ha buscado la emancipación de la mujer en un sistema que las ha reprimido históricamente: el sistema patriarcal. 

En este sentido se busca terminar con cosas como los estereotipos de belleza, la sexualización y cosificación del cuerpo de la mujer, las brechas entre ambos géneros y la eliminación de los roles de género, que sólo han contribuido a la violencia contra ellas.

Pero lo que muchas veces no se percibe, es que terminar con los roles de género impuestos socialmente, también beneficia a los hombres.

Te mencionamos aquí algunos de sus beneficios:

Adiós al "proveedor de la casa"

En una sociedad machista, los roles de género nos dicen que, el hombre tiene que ser el proveedor de una familia.

El feminismo busca la manera de incorporar a las mujeres, esposas, hijas, hermanas, al campo laboral con salarios dignos y oportunidades de crecimiento.

Obteniendo esto, los hombres no tendrán que ser vistos como una aportación económica solamente.

Actividades para ambos

Desde pequeños los roles de género sirven para reforzarnos lo que debe ser un hombre y lo que no.

Es decir, un hombre no puede dedicarse a ciertas actividades que son exclusivas de mujeres: como cocinar, bailar ballet, cuidar de tiempo completo a los hijos, etc. 

Por eso, el feminismo busca que cualquier persona, hombre o mujer, pueda ejercer en lo que más le guste sin marcar estereotipos.

Los hombres sí pueden llorar

A los hombres jamás se les educa para el cuidado de sus emociones. Es decir siempre son reprimidos en este sentido: no pueden llorar, no pueden expresarse, no pueden ser afectivos, porque eso, automáticamente, daña sus masculinidades. 

"Los hombres no lloran", les enseñan desde chicos. Asumiendo que durante el resto de su vida tendrán que controlar esa emoción, deshumanizandolos por completo. 

¡Claro que los hombres sí lloran y sienten!

No más a las caballerosidades impuestas

Es muy común que los hombres, dentro de sus relaciones afectivas, buscan demostrar una "caballerosidad" construida con base a lo contrario de lo que debe ser "una dama".

Es decir, si una mujer debe comportarse como una "princesa", el hombre, en automático debe ser ese príncipe caballeroso que realiza acciones que muchas veces no son de su agrado. Como abrir la puerta del coche, pagar todas las citas, regalar rosas todos los días. 

Claro que este tipo de cosas pueden hacerse dentro de las relaciones si así lo desean, pero se intenta que esto no deba ser una obligación para el cumplimiento de nuestro papel en sociedad (como hombre o mujer).

Ayuda a la eliminación de la homofobia

Los estudios de género afirman que el feminismo de cierta manera es un movimiento que aporta para eliminar la homofobia.

La homofobia es la desaprobación de los comportamientos femenino en el cuerpo masculino. "Porque lo femenino es malo". 

Es decir, el desprecio por los hombres que utilizan ropa ajustada o de color rosa, los hombres que tienen comportamientos que "son exclusivamente de mujeres", como mostrar sentimientos, llorar, etc. entre otros. Los hombres que se enamoran de otros hombres.

Es decir, la lucha feminista ayuda a reducir todos estos estereotipos para que cada hombre pueda expresarse de la manera que quiera, sin temor a ser considerado un "puto".

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