De sombreros, promesas vagas y a precio de contado
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De sombreros, promesas vagas y a precio de contado

Tijuana BC - viernes, 22 de diciembre de 2017 - Marco Antonio Samaniego.
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Por: Dr. Marco Antonio Samaniego López

Iniciaron las campañas que se denominan ¨precampañas¨ para fingir que no están en campaña. De esa forma, los dineros del pueblo se reparten en el emocionante espectáculo de que los no candidatos pero que serán candidatos, se utilizan en que se coloquen hermosos gorritos de flores, o como si fuera en serio, se visten de indígenas chamulas para vestirse de lo que carecen: legitimidad.

Lo hacen como para que el pueblo los vea del pueblo. Es una forma de enviar un mensaje que para algunos puede funcionar:   son del pueblo y para el pueblo. Sin embargo,  vestirse de la manera en que lo hacen es  más un juego de disfraces, donde aquello que representan se esconde para tratar de ser lo que no son: candidatos que representan agendas.  Acudir a eventos donde lo que cuenta es la cantidad de acarreados a los que difícilmente les alcanza para el pasaje en tiempos normales, pero que ante los bajos costos acuden a escuchas frases bastantes simples y sin mucha estructura.

Los argumentos que ofrecen son para las cámaras, no para quienes asisten al evento. A los que acuden les ofrecen  generalidades, frases que no crean compromisos, y la atención de los medios se concentra en destacar la respuesta al mensaje del otro. Qué responde a lo que dijo Meade, AMLO y el que dice que se puede porque se puede, aunque nunca aterriza en decir qué es lo que pretende hacer.

Así, la euforia del público asistente ante las palabras de Meade, sobre el tema de presentar exámenes médicos y psicológicos  por parte de los candidatos,  era estremecedora. El candidato – pre – insistía una y otra vez en una condición demasiado simple, y el público gritaba y gritaba como si se hubiera aprobado una ley o se hubiera resuelto un gran problema nacional. Una y otra vez y las imágenes que repiten las mismas frases como si se tratara de una gran idea. Finalmente, va a regresar a presentar a los priistas de Campeche sus exámenes.

Los medios se preguntaron para quien era el mensaje. Y la nota del día era preguntarles a los demás sobre su estado de salud. Nada sobre qué se mejoraría para los campechanos. Nada sobre los temas de fondo. Nada sobre el problema fundamental de este país, como lo es la inseguridad. Las cifras se incrementan de manera tan brutal y constante y el  pre- candidato (artificio para gastar una partida diferente en las campañas)  propone  llevar a los campechanos unos exámenes médicos.

Las alianzas que se han presentado han generado cierta polémica. Sobre todo la relación entre  Morena y el Partido Encuentro Social, dado que las posturas de estos  últimos, en temas como el aborto, son consideradas conservadores por sectores que apoyan  la libertad de la mujer para decidir sobre la concepción. Sin embargo, con argumentos de poca profundidad, AMLO ha decidido que sí es posible porque él dice que es posible. Siendo así, pues fue posible. Es como Anaya con su se puede porque se puede, y hasta el momento no se comprometa a nada. La frase de que los mexicanos están hartos del PRI, bien puede ubicarse, cuando menos, desde 1968.

¿Porque las campañas se vuelven una guerra de frases y aclaraciones? Porque al tener garantizados recursos  no necesitan crear agendas que les generen apoyos económicos. Puede haber aportaciones, pero no van ligadas con posturas a largo plazo, con decisiones de fondo. Al tener las garantías del recurso, pueden pagar los escenarios que les griten que todo está muy bien, pero son escenarios a modo, una especie de montaje para los medios, sin que se aborden  los problemas nacionales desde su raíz.

Los compromisos son generales   y sin rutas críticas que planteen los cómos, sólo se menciona el futuro mejor de los mexicanos  si se vota por la persona, como si en esta recayeran las posibilidades reales de solución. Estamos en un tren que avanza pero sin tener las vías definidas, es como ir colocando las vías conforme se  recorre un camino sin saber cómo se va a recorrer el siguiente kilómetro. Es pues, la tradición de la torta y la soda que parece seguir y seguir sin un momento en que se detenga.

La partidocracia ofrece el espectáculo que ya vimos. Y no parece que se modifique. Las cúpulas decidieron por todos y los acuerdos de los dirigentes se  volvieron realidades incontrastables.  La membresía de los partidos no  fue efectiva y aun así se les paga a todos ellos. Es, pues, lo que los mexicanos pagamos sin que exista una correspondencia con la representación. 

* Marco Antonio Samaniego López.  Doctor en historia por el Colegio de México.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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