Cuando la ley no es ley
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Cuando la ley no es ley

Tijuana BC - viernes, 4 de agosto de 2017 - Marco Antonio Samaniego López.
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Por: Dr. Marco Antonio Samaniego López

Los casos de los gobernadores/ladrones que llenan las páginas de los diarios en estos días, y semana atrás, y varios años antes también, genera condiciones de incertidumbre para las inversiones, el uso del espacio social y la generación de condiciones de seguridad. 

Se juega con el medio ambiente, con temas de vital importancia como la distribución de agua y con los recursos que se contraponen con la idea de futuro. Nuestra sociedad gasta recursos  de tal manera que afecta las condiciones  de vida del futuro al sobre explotar para el presente lo que debe planearse para nuevas generaciones. 

Muchos son los temas que implicar la relación con Estados Unidos, pero sobre todo  a partir de una condición fronteriza en la que nos encontramos. Muchos temas sobrepasan lo que es Tijuana para ser una explicación que se debe ubicar en el contexto, por ejemplo, de la cuenca del Río Colorado, como también la cuenca del Río Tijuana. Dos corrientes que desempeñan un papel diferenciado para una sociedad como la nuestra. Paradójicamente, la primera es la que abastece de agua a la ciudad, la segunda, por las condiciones en que se desarrolló, no abastece a la ciudad, pero sí condiciona el desarrollo urbano y es parte  fundamental del espacio público y privado. Al respecto, mucho aún debe explicar de porqué esta condición. 

Como cuenca de carácter internacional, en su condición de río sucesivo, (no ubicado en el tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1948)  las decisiones que se tomen en relación con el medio ambiente son de vital importancia para las ciudades de Tijuana, Tecate, en la parte mexicana, como San Isidro o Imperial Beach, de  manera directa, en lo que corresponde al condado de San Diego.  Durante años, por gestiones de autoridades de México y Estados Unidos, se han realizado acuerdos  y numerosas dudas en el  cuidado de una cuenca que implica retos y negociaciones constantes.  

Los efectos de ellos son numerosos  pero significativos. Sin embargo, en todo lo avanzado, (poco o mucho de acuerdo a concepciones distintas de cómo debe ser la cuenca)  con el capricho de una propuesta de campaña visceral y mal planeada ( aunque logró el cometido de obtener votos)  con desconocimiento pleno de los efectos y condiciones, se anuncia por parte del gobierno federal de Estados Unidos que  eludirán todas las regulaciones ambientales para  construir el famoso muro de Trump. 

Es decir, la persona que dijo que gobernaría  con ley y orden, anuncia públicamente que  van a eliminar las regulaciones que desde hace décadas se han establecido por organismos federales, estatales y en este caso binacionales,  para cumplir una promesa que afecta, principalmente, a Estados Unidos, dado que los efectos regulatorios implican en mayor medida espacios del vecino país. 

Si bien los desatinos, mentiras, discursos dubitativos y negaciones de los propios funcionarios estadounidenses  que han contradicho al presidente son cuantiosas y motivo de  todo tipo de comentarios, el sólo hecho que se publique que se harán a un lado las regulaciones sobre una cuenca internacional  ubica   una mentalidad que genera dudas sobre la condición de una relación. 

Si bien, quien esto escribe considera que el panorama es más complicado de lo que indica el presidente estadounidense, sí indica hasta donde la necesidad de regular el poder público. El sistema estadounidense se construyó para combatir al tirano, quien quiera que fuese. Por ello el cuidado que hoy está en duda casi todos los días, pero que de cierta manera condiciona la acción de un personaje que  intenta mover los límites del poder público. Si bien no ha logrado hacerlo, la sola amenaza moviliza muchos de sus fundamentos. 

Esa condición de regular al tirano, para nuestro caso, tiene como  producto un partido de Estado que ha condicionado la vida de México de muchas formas. Una de ellas,   la  idea de que el cargo es para llevarse lo que se pueda. La buena noticia es que varios han terminado en la cárcel. La mala, es que se repiten los casos con tanta frecuencia que debe llevar a cambiar la forma en que se regula al poder público. No hay que esperar a que terminen, sino regular la actuación desde que se ejerce el poder. Y en eso hay mucho por hacer. 

* Marco Antonio Samaniego López.  Doctor en historia por el Colegio de México.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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