El petate del muerto
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El petate del muerto

TIJUANA, BC - domingo, 12 de febrero de 2012 - Gilberto LAVENANT .
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Palco de Prensa

   Por : Gilberto LAVENANT

 

Cuando alguien pretende apantallar, basándose en hechos un tanto históricos, como diciendo “si ayer fuí, hoy sigo siendo o puedo volver a ser”, es común advertir que se trata de asustar “con el petate del muerto”, porque las circunstancias de cada tiempo son distintas, unas a otras, en su conjunto, y nadie, en su sano juicio, puede presumir que lo que ayer fue, puede volver a ser.

Viene al caso apuntar esto, porque los panistas basan sus esperanzas de triunfo electoral, al menos en Baja California, en el fenómeno de la “ruffomania”, poniendo de parapeto al personaje central de esa historia, Ernesto Ruffo Appel –se llama Ernest y nació en San Diego, California- al frente de esta aventura política que ya es identificada comúnmente como la “rucomanía”.

Efectivamente, Ruffo saltó a la fama política nacional, cuando logró para Acción Nacional la primer gubernatura en toda la República Mexicana y terminó con la carrera de los gobiernos priístas en la entidad. El PAN, viendo la desventaja enorme que tiene ante el PRI en estos comicios del 2012, casi obligó al exgobernador a regresar a la contienda, como los  boxeadores que pretenden revivir las viejas glorías de sus tiempos de juventud. Entonces tenía 37 años, hoy ya llega a los 60.  

Esto ocurrió en 1989, cuando la población de Baja California era de aproximádamente 1 millón 500 mil habitantes, 2 millones menos que la población actual. Entonces, solamente votaron 390 mil 58 habitantes, o sea el 26% de los habitantes de la entidad y Ruffo logró triunfar con tan solo 204 mil 120 votos, o sea el 13.60% de los bajacalifornianos. A eso le llaman “ruffomanía”.

Y si bien es cierto que, aunque fueron pocos votos los de Ernest, del total de la votación obtuvo el más alto porcentaje, el 52.3, frente a 162 mil 941 votos de Margarita Ortega Villa, que representaron el 41.8 %. De entonces, a esta fecha, han transcurrido 23 años, lo que significa que los jóvenes bajacalifornianos de hoy en día, no fueron partícipes de ese fenómeno y para ellos la “ruffomanía”, solo es una leyenda.

Por si fuese poco, muchos de los 204 mil 120 electores que participaron en la “ruffomanía”, ya fallecieron o ya no viven en Baja California y Ruffo, políticamente hablando, existe en la mente de los panistas, pero no en la mente de la mayoría de los bajacalifornianos. Es, dicho con todo respeto, un “cadáver político” que han resucitado en un desesperado intento por apuntalar a un partido blanquiazul que está en decadencia, apenas a dos sexenios de haber alcanzado el poder presidencial y 23 años de gobiernos en Baja California.

Los números de la “ruffomanía”, no le alcanzan a Ruffo para lograr triunfos electorales en el 2012, como lo logró en 1989. Entonces, había en la entidad 1 millón 500 mil habitantes. Hoy la población de la entidad es de aproximádamente 3 millones 500 mil habitantes, o sea 2 millones más. Los 204 mil 120 electores que entonces votaron por él, hace 23 años, si en estos momentos vivieran y siguieran teniendo las preferencias electorales de entonces, representarían tan solo el 5.83 % del total de los habitantes de Baja California. Ciertamente,

los gobiernos de los últimos años, han sido gobiernos de minorías, pero sin exagerar.

Para insistir en que la “ruffomanía”, solo es un “petate de muerto”, cabe observar que en los comicios del 6 de agosto de 1995, el panista Héctor Terán Terán, ya fallecido, logró la gubernatura estatal, obteniendo 324 mil 901 votos, el 49.59 del total, logrando una enorme participación cívica, el 62.90% del padrón electoral, y una asbtención del 37.10 %.  

Con base en los números de los votos obtenidos, el señor Terán obtuvo 120 mil 781 votos, más que Ruffo, o sea la Teranía fue un 37.17% mejor que la “Ruffomanía” y sin jactancias de ningún tipo. Si don Héctor aún estuviese vivo, hubiese sido mejor prospecto al Senado que Ernest. Sin duda alguna.

Seis años después, en el 2001, el panista Eugenio Elorduy, logró la gubernatura estatal, con 266 mil 175 votos, o sea  62 mil 55 votos votos, más que Ruffo, superándolo en un 23.31% aún cuando obtuvo 58 mil 726 votos menos que el señor Terán.

En la elección para la gubernatura estatal, más reciente, la del 2007, el panista José Guadalupe Osuna Millán, obtuvo 430 mil 340 votos, frente al priísta Jorge Hank Rhon, que apenas logró 376 mil 457. Lupillo logró 201 mil 120 votos más que Ruffo, 164 mil 165 más que Elorduy y 105 mil 439 votos más que el señor Terán.

Bueno, habría qué observar que los incrementos en los números de votos, básicamente se debió al incremento de la población Baja Californiana. Hoy son aproximádamente 3 millones y medio y en 1989, cuando surge la “ruffomanía”, había solo 1 millón 500 mil habitantes. Pero también entonces Ruffo tenía 37 años y hoy 60, casi el doble.

Es importante hacer estas observaciones, por aquello de que revivir “viejas glorias”, no siempre es recomendable. Es una débil esperanza. Demasiado débil. Hasta los pugilistas saben que deben retirarse cuando sus aptitudes y sus condiciones físicas ya están agotadas. Los políticos no pueden ser la excepción. El tiempo no pasa en vano.

Recorrer la entidad para tratar de convencer a más de 2 millones de habitantes que nunca han escuchado hablar de la “ruffomanía”, no es tarea fácil. Algunos seguramente piensan que tan sólo es una leyenda. Un sandieguino, metido a la política en la entidad y ganarle al PRI la gubernatura estatal, efectivamente fue un hecho insólito.

Pero entonces había circunstancias muy distintas a las actuales. El salinato trataba de proyectarse internacionalmente como paladín de la democracia y el antipriísmo, había crecido enormemente.

El México de los últimos 12 años, bajo los gobiernos panistas, ha sido otro totalmente distinto al que fue gobernador durante 70 años por los priístas. Sin tratar de etiquetar culpas, lo cierto es que la suma de ambas épocas, nos dan más de 50 mil muertos, 10 mil desaparecidos y 52 millones de mexicanos en pobreza extrema. Esto no es cuento. 

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