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TIJUANA, BC - martes, 8 de noviembre de 2011 - Gilberto LAVENANT .
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TIJUANA, BC 8 DE NOVIEMBRE DE 2011.-

La democracia mocha.
Por : Gilberto LAVENANT


La democracia, es la forma de gobierno en la que el pueblo elige a sus gobernantes. A diferencia de las dictaduras, de todo tipo, incluyendo las monarquías o reinados, en donde los electores no cuentan, no existen. Los ciudadanos son simples súbditos, obligados a obedecer. Su función consiste meramente en ver, callar, tolerar, someterse.

Tanto que presumimos en México de ser demócratas, -bueno, a decir verdad están peor en otras partes del mundo-, lo cierto es que la nuestra es una democracia mocha. Es como un camino de un solo carril, de un solo sentido. Solo sirve para que los gobernantes lleguen al poder. A los electores les otorgan el “privilegio”, el enorme “privilegio” de elegirlos, para determinar quien sí, y quien no. Al menos eso se les hace creer.

Sin embargo, la democracia, al menos la mexicana, no otorga ningún derecho a los electores, para bajar o retirar del poder a los malos gobernantes, a los sordos, ciegos e insensibles. A los arbitrarios, a los gastalones, a los ineficientes, a los caprichudos.

Pero no solo eso, esta democracia nuestra casi es mero simulacro. Cuando son tiempos de campaña, los candidatos a puestos de elección popular, simulan ser receptivos, comprensivos, atentos, inteligentes, eficientes, expertos. Fingen ser compas de los ciudadanos, siempre y cuando estos tengan credencial electoral. De lo contrario, no les sirven para nada. No les interesa conocerlos, ni tratarlos.

Al elector le prometen una y mil cosas. Prometen hacer obras que le beneficien. Prometen prestarles servicios públicos, de manera oportuna y eficiente. Prometen atenderlos en cualquier momento y sobre cualesquier tema. Prometen que las puertas de sus oficinas de gobierno, siempre estarán abiertas de par en par. Prometen, hasta lo imposible. Total, como dicen, el prometer no empobrece.

Algunos políticos, es tal su cinismo y audacia, que hasta firman ante notario público la lista de sus presuntos compromisos. Como una supuesta prueba de que no fallarán y los cumplirán todos. La verdad, como dicen los chavos, la mera neta, viene después, cuando están en el cargo. ¡Fuera máscaras! Nada de simulacros. Igualito que la metamorfosis de una pareja. Cuando novios, todo es dulzura y arrumacos. Ya casados, luego de la luna de miel, viene la hiel, las hostilidades e incluso los golpes.

Los políticos en el poder, prácticamente sin excepción, o sea sin importar colores o siglas partidistas, son sordos, ciegos, insensibles, intolerantes, arbitrarios. Todo lo contrario a lo que simularon ser cuando andaban de candidatos.

Ya no se les puede decir nada, porque no escuchan. Solo miran lo que les conviene, Los reclamos populares, les molestan, les parecen agresiones a sus finos oídos. Para ellos, los disidentes, son peores que enemigos de la patria.

Cuando se les cuestiona sobre tales reclamos y el número de personas que están en esa postura, los minimizan y dicen que son solo unos cuantos renegados, y finalmente, cuando la “paciencia oficial” llega a su límite, hacen uso de la fuerza pública, para someterlos, para tratar de doblegarlos.

Si los renegados insisten en sus reclamos, pues vienen las descalificaciones y las amenazas de recluirlos en prisión. Surge entonces, con todo descaro, la intolerancia. Olvidan pues que son servidores públicos, empleados del pueblo, que el pueblo los eligió y que el pueblo les paga sus sueldos.

Olvidan, que ellos llegaron al poder, por la vía electoral, por la vía de la democracia. Que no son reyecitos, que sus cargos son temporales. Que si la democracia fuese completa, el pueblo que les eligió, sin duda alguna que votaría para destituirlos.

Cualquier coincidencia sobre todo lo aquí señalado y la postura de las autoridades municipales de Tijuana, encabezadas por el Alcalde Carlos Bustamante Anchondo, en el caso del desalojo de los jóvenes “indignados” y el de los opositores al zócalo, no es mera coincidencia, sino una triste, amarga y decepcionante realidad.

Y luego se preguntan ¿por qué razón los electores no van a las urnas? ¿Por qué tan alto el índice de abstencionismo en los procesos electorales? Hasta las preguntas ofenden. El pueblo, el elector común y corriente, ya está cansado de simulacros e hipocresías.

En el caso de los “indignados de Tijuana”, son jóvenes que se habían instalado en un camellón, como lo han hecho otros en muchas partes del mundo. Aquí autoridades municipales y estatales se confabularon para desalojarlos. Utlizando policías armados, los remitieron a la cárcel, como viles malvivientes, cuando que son profesionistas. Entre ellos, una jóven con un niño de apenas 3 meses. La versión oficial diría, para justificar lo injustificable, que los retiraron por su propio bien, pues ahí corrían peligro.

Por cuanto hace a quienes desde durante más de un año se habían instalado en el Parque Benito Juárez, para manifestarsae en contra del proyecto del llamado zócalo, ocurrió algo similar. Los desalojaron de madrugada, también con el uso de la fuerza pública, dizque porque estaban en en riesgo, pues tenían estufas y minas de gas. Ahora se les trata de descalificar de una manera burda, diciendo que lo hacían para obtener unos votos. Ni la propia autoridad, se cree tales mentiras.

Para que no quede duda de que a partir de ya, están proscritas las manifestaciones de protesta en Tijuana, el Alcalde advierte categórico que a quien altere el órden, será enviado a la cárcel. Si alguien lo ve, díganle que muchos malandros alteran el orden en la zona este de Tijuana y que sus fuerzas policiacas no hacen nada para evitarlo. Con una democracia mocha, como la mexicana, más que democracia, parece una tirania, una dictadura, una monarquía. Por ello estamos como estamos.

     gil_lavenants@hotmail.com

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