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TIJUANA, BC - viernes, 4 de noviembre de 2011 - Gilberto LAVENANT .
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TIJUANA, BC 4 DE NOVIEMBRE DE 2011.-

Los bolsillos vacíos.
Por : Gilberto LAVENANT


El Gobernador José Guadalupe Osuna Millán, declaró está semana que el Gobierno Estatal no tiene dinero para apoyar a los gobiernos municipales para pagar el aguinaldo a sus trabajadores, este fin de año.

Dijo que 60 días de aguinaldo, son excesivos, que incluso el gobierno estatal tendrá  problemas para cubrir esta prestación a sus trabajadores. Lo que para los ciudadanos comúnes y corrientes es la cuesta de enero, para los gobiernos, el fin de año es un período de angustias.

De no cubrirse dicha prestación, formalmente pactada, ineludible, lógicamente habrá  malestar entre los trabajadores de gobierno y muchos de ellos laborarán de mala gana o quizás hasta lleguen a suspender labores.

Y aunque la situación que afrontarán, será sumamente difícil de enfrentar y superar, los gobernantes locales, ni se tibian. A ninguno se le “ha prendido el foco”, o sea a nadie se le ha ocurrido la idea de reunirse para definir criterios, políticas o lineamientos de conducta, no solo para que noviembre y diciembre transcurran en las mejores condiciones posibles, sino también los meses y años por venir.

Para nadie es un secreto que, en estos momentos, a nivel nacional, las finanzas públicas son el problema fundamental de gobiernos estatales y municipales. Que la falta de experiencia administrativa y los deseos de lucimiento, acudiendo a adeudos para hacer lo que con los recursos disponibles les resulta imposible, ha llevado a los gobernantes a colocar en estado crítico a sus administraciones.

El caso de Tijuana, con el PIRE del panista Jorge Ramos, y luego la reestructuración de la deuda, por parte del priísta Carlos Bustamante, muestran claramente que un error, lleva a otro. La figura del crédito, es un mero espejismo, una supuesta solución temporal a las carencias, que, como una “bola de nieve”, rueda cuesta abajo y a cada vuelta crece y crece.

En este tema, nadie debe jactarse de que un gobierno está menos endeudado que otro. El problema es haber empezado a pedir dinero prestado. Esto es como un vicio, se pide una vez y luego se sigue pidiendo. Los banqueros por su parte, haciendo negocios.

Recientemente, en la legislatura estatal, se habló sobre la necesidad de poner un freno a las intenciones de los gobernantes de recurrir a más adeudos. Lo dicen, lo saben, pero nadie se atreve a poner un alto. Es más, los gobiernos, como si fuesen individuos, negocian los créditos, cual si se tratase de operaciones de carácter privado.

Ahí está  el caso de los adeudos del Estado de Coahuila. Se adquirieron créditos millonarios, sin importar para ello el recurrir al uso de documentación falsa. Falta verificar si los dineros efectivamente se gastaron con claridad y eficiencia. El asunto está poniendo en la guillotina al dirigente nacional del PRI, Humberto Moreira, pues independientemente de que endeudó al gobierno coahuilense, de manera exagerada, corre el riesgo de ser enviado a prisión y se vea impedido para cumplir sus compromisos partidistas.

Regresando a Baja California, en los próximos días, la “bola” de la crisis financiera de los gobiernos locales, estará en la “cancha” de la XX Legislatura Estatal, cuando los Ayuntamientos presenten a revisión los proyectos de leyes de ingresos y presupuestos de egresos para el 2012. Lo mismo ocurrirá con el gobierno estatal.

Estará  en manos de los legisladores locales, hacer ajustes severos a las finanzas públicas de Baja California. La austeridad se tiene que establecer por ley, pues los gobernantes no han tenido la voluntad suficiente para aplicarla.

La revisión de propuestas de ingresos, y sobre todo de egresos, debe ser tan minuciosa, tan exhaustiva, que solo se aprueben los ingresos básicos, y en especial, los gastos más elementales. Nada de viajes al extranjero, por ejemplo, menos uso de telefonía celular. Nada de asesores, que nunca asesoran a nadie.

Los gobiernos locales, tanto el estatal como los municipales, deben ser declarados en “cuarentena”. Un período de restricción en el gasto público, para que solamente cubran lo elemental.

En especial, establecer un organismo de asesoría, supervisión y control de cobertura de adeudos. Como un “amarrarles las manos” a los gobernantes, para que no gasten el dinero público como si fuese de ellos. Bueno, los políticos nunca son despilfarradores con sus recursos personales.

Sobre todo, porque vienen tiempos políticos, tiempos de campañas electorales, en que los goberantes suelen “alfombrar” el camino de los políticos de sus preferencias, dizque para garantizarles una buena consecha de votos. La tentación de gastar, conforme a proyectos políticos y no como una intención real de atender carencias y resolver problemas de los ciudadanos, les lleva a gastar hasta lo que no tienen.

Al paso que van, por el camino que han tomado, bajo el viejo slogan de “compre ahora, pague después”, pronto, más pronto de lo que suponen, les llevará a suspender la prestación de servicios públicos elementales, cuando no carezcan de dinero para pagar gasolina y tengan que estacionar patrullas y camiones recolectores de basura, por ejemplo.

Lo peor es que si en estos momentos, las cosas están difíciles, mucho más lo estarán en los próximos años, porque los adeudos contraídos se prolongarán durante los próximos 25 años y en la mayoría de los casos se ha recurrido a la malévola estrategia de establecer obligaciones de pago crecientes, a partir de que concluyen su gestión administrativa.

Y aún así, insisten en hacer obras de relumbrón. Alguien les tiene que “jalar las orejas”, no solo para que entiendan, sino para que aprendan a escuchar los reclamos populares. Cuando los bolsillos están vacios, el dinero ajeno es una peligrosa tentación.

     gil_lavenants@hotmail.com

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