Cruzar el límite.
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Cruzar el límite.

Tijuana BC - viernes, 5 de noviembre de 2021 - Marco Antonio Samaniego.
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Por: Marco Antonio Samaniego

TIJUANA BC 5 DE NOVIEMBRE DE 2021.-Emilio Lozoya cruzó el límite. Una foto colocó a   la 4t en la mira. El ladrón confeso, come tranquilamente en un restaurante de reconocido prestigio. Una periodista, acusada por este, tomó una imagen que le cambió la vida al delincuente, el mismo que robo a todos los mexicanos y quien, es, entre otros, uno de los que dejó al PRI en la penumbra. 

La imagen de un hombre comiendo, tranquilamente, junto con unos amigos, reveló que algo estaba mal. Un hombre que se asoció para robar, mentir, denostar y volver a mentir sobre pruebas que iba a entregar, dejó en claro que todo tiene un límite. Se burló de los mexicanos cuando fue funcionario y tomó lo que no era suyo.  Se burló de la ley cuando escapó hacia España, donde llevaba vida de rey. Prometió las perlas de la virgen para demostrar que ese pasado al que pertenece estuvo cargado de corrupción e impunidad y con una foto, si no se actuaba, podía generar profundas dudas en un régimen que se presume y se legitima en contra de la corrupción. 

La máxima de que el poder corrompe se cumplió y se pretendió que se extendiera en otro régimen.  Pasaban meses y poco se anunció sobre las pruebas para encarcelar a funcionarios que, en un marco de institucionalidad de rango superior, pueden ser indiciados con la información que se proporcione. El tema es importante.  Quienes dieron las órdenes del robo, en el caso de que se presenten evidencias, sólo pueden ser exsecretarios de Estado, así como el expresidente Peña Nieto. Es decir, peces gordos, no mandos medios. El criterio de oportunidad no es para acusar a iguales, sino a aquellos que, en el orden jerárquico, fueron responsables de dar criterios para la acción. 

Lozoya en las calles, se convirtió en una carga para la promesa de lucha en contra de la corrupción.  Con una imagen, se transformó en la impunidad caminando por las calles, libre, como si nada hubiera pasado.  Si se sometió al criterio de oportunidad, significa que es culpable, que hizo parte o todo aquello de lo que se le acusa. Indica que tiene información que le permite negociar, pero bajo el esquema de que no se puede presumir inocencia.  El significado es que tiene como reducir su pena, pero no evitarla. 

De gozar de privilegios por año y medio, por fin llega al lugar que debía. Muchos queríamos ver ahí a alguien que públicamente aceptó ser delincuente y que prometió dar información para atrapar a otros de su misma calaña. Hoy tiene un camino, reducir la pena si provee la información que prometió, o quedarse ahí, encerrado, por el tiempo que fije la ley.   No hay más. No puede reparar el daño porque este es de muchos millones. No puede decirles a las mujeres que no tuvieron atención medica por sus robos, que va a pagar ahora por los medicamentos o las intervenciones que no se pudieron hacer. No puede decirle a los niños y jóvenes que no tuvieron materiales escolares, baños, pizarrones, o maestros con sueldo, que les va a reponer el tiempo que perdieron porque él estaba en el goce del dinero de otros. No puede decir que el recurso público que se gastó para él y los suyos, no llegó a quienes sufrieron en una inundación, terremoto o sequía. No hay forma de reparar el daño porque el robo de recursos públicos significa quitar asignaciones a un mexicano que lo requiere y que en el pacto social que nos une, significa que lo púbico es público, y por tanto, se necesita para mejorar la vida de los mexicanos, no de un funcionario y su familia. No se puede reparar el daño porque el daño que hizo es permanente. 

Si los abogados logran reducir la pena o sacarlo bajo algún argumento legal, Lozoya, de todos modos, ha quedado marcado. Señalado por el discurso será puesto de ejemplo por varias generaciones: un cínico que no se cansó de robar y mentir. Un signo de que el poder, cuando se ejerce sin contrapesos, es negativo para todos, incluido el que goza de la impunidad. Los abogados dicen que tenía derecho de estar en el restaurante, porque no tenía restricciones. Ese argumento es precisamente el que molesta. Un culpable confeso, en un restaurante de lujo. Los miles de afectados por lo que robó, en la calle, con educación a medias, con medicinas que no llegaron, en casas en las que falta implementos que se pudieron adquirir luego de una inundación. 

Él toma vino y muchos no tienen agua porque los sistemas hidráulicos no fueron reparados.  ¿Como reparar el daño, cuando se robó el presente de millones de mexicanos? Ese presente de privilegio les quitó acceso a bienes y servicios que eran necesarios en ese momento, no años después, mientras goza de privilegios que quien sabe que resultado se tenga. Cruzó un límite, pero no podrá pagar las consecuencias de todo el daño que hizo. Las consecuencias las pagan los mexicanos por lo que no tuvieron en su momento. 

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor.

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