Recibirlo todo, no recibir nada. ¿La boquilla en manos de quién?
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Recibirlo todo, no recibir nada. ¿La boquilla en manos de quién?

Tijuana BC - viernes, 9 de octubre de 2020 - Marco Antonio Samaniego.
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Por: Marco Antonio Samaniego

TIJUANA BC 9 DE OCTUBRE DE 2020.- El actual coordinador de gabinete del gobierno de Chihuahua, Gustavo Madero, indicó a varios medios de comunicación que por entregar agua del rio Conchos, no se recibe nada. ¿Cómo puede ser bueno el tratado de 1944, si entregamos agua a cambio de nada? Preguntó. 

Aquí hemos apuntado que, desde la visión local, ese punto de vista se justifica al ver las necesidades locales. Sin embargo, también hemos apuntado, que las cuencas internacionales tienen ese carácter desde el tratado de 1848. Es decir, el sentido de internacionalidad y por tanto de compartir el recurso, tiene más de siglo y medio. 

Casi todo el oeste de Estados Unidos y casi todo el norte mexicano son tierras áridas y semiáridas.  Por ello, el problema no es la cantidad de tierra disponible, sino la cantidad de agua. Desde finales del siglo XIX, esta condición fue la base para construir obras hidráulicas, competir por el agua y enfrentamientos legales. La razón, nadie podría abastecerse de agua para todas las necesidades de las diferentes regiones. Dicho de manera sencilla, la base era compartir el recurso, porque nunca existe agua suficiente. 

No es pues, por el cambio climático que se genera el problema; este lo exacerba y bajo las condiciones actuales, donde las ciudades requieren más recurso, el tema de los derechos se convierte en una amenaza para quienes dependen del agua para producir. ¿Por qué? Porque el uso para consumo humano tiene preferencia sobre otros y aunque la cantidad es baja comparada con la agricultura, poco a poco la amenaza se incrementa. Ciudades más grandes significan menos hectáreas sembradas. 

Pero eso sucede desde mediados del siglo XX. Es decir, desde hace cuando menos sesenta años la tensión está presente en México, en Estados Unidos desde finales del XIX. Por ello, sorprende que sea en este momento en que el coordinador de gabinete Gustavo Madero, indique lo apuntado inicialmente en este breve escrito.  La trayectoria del mencionado, como servidor público, incluye la senaduría, órgano que tiene entre sus funciones las relaciones diplomáticas, obviamente Estados Unidos es un tema preferente.

Dicho de manera sencilla, es complicado entender que no conociera el tratado de Aguas Internacionales de 1944 y sus implicaciones. Lo mismo en su papel como diputado por el distrito VI de Chihuahua. También fue presidente nacional del Partido Acción Nacional y en varios momentos con pretensiones a la candidatura presidencial. 

Durante dos décadas en diferentes cargos de la función pública, ha tenido oportunidad de exigir explicaciones sobre el tratado. Incluso, supongo, pudo haber tenido tiempo de leerlo. En su curriculum se indica que fue Director General de Planeación y Evaluación del Gobierno del Estado durante el gobierno de Francisco Barrio Terrazas. Es decir, desde 1992 tuvo oportunidad de plantear soluciones para el tema del río Conchos y el tratado de 1944. Porque desde el siglo XIX el problema es el mismo y por eso se construyó la presa de la Boquilla en plena revolución mexicana. Dicho de manera sencilla, no es un problema nuevo, no empezó con el quinquenio actual, sino que es una condición de la naturaleza, que, bajo el principio de compartir el recurso, se organiza su administración, siempre en medio de polémicas y controversias y con ganadores y perdedores. Los acuerdos y tratados, en la mayoría de los casos, están en función de que a todos les toque parte del valioso recurso. Eso desde los romanos, en el derecho internacional del siglo XVII y en los tratados del siglo XX. 

Cuando Vicente Fox iniciaba su periodo presidencial se presentó un problema semejante, aunque no llegó a los niveles que en esta ocasión. Los gobernadores priistas se revelaron y manifestaron estar en contra del tratado.  Luego, se observó que se afecta a los agricultores del propio estado de Chihuahua y por supuesto, a los de Coahuila y Tamaulipas, en diferente proporción y sujeto a crecidas o sequias en otras zonas de la extensa cuenca del Bravo. En aquel momento, bajo el gobierno del PAN, se cumplió con el tratado y se mantuvo el sistema. Las propuestas fueron en el sentido de mejorar los sistemas de riego y colaborar con el frágil equilibrio ecológico de las zonas ribereñas.  Si la condición de hoy es dramática, como se asienta, entonces las inversiones fueron mal hechas y el tiempo se perdió. 
¿Por qué entonces en este momento? 

* Marco Antonio Samaniego López.  Doctor en historia por el Colegio de México.

Esta columna no refleja la opinión de Agencia Fronteriza de Noticias, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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