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Historias del Narcotráfico
Colosio a 14 años de su asesinato
*.- Nunca se comprobó la participación de narcotraficantes en el asesinato,
sin embargo… estuvieron cerca
*.-Adrián Carrera, jefe nacional de la judicial federal estaba amenazado de
muerte
DORA ELENA CORTES/ESPECIAL AFN
TIJUANA BC 23 de marzo (AFN).- Se habló como una de las posibilidades,
sin embargo nunca se comprobó que el narcotráfico y los llamados
“barones” de la droga, hubieran estado atrás del crimen que cortó la
existencia del candidato presidencial priísta, Luís Donaldo Colosio Murrieta.
No obstante eso, si estuvieron alrededor e inclusive acompañaron a
quienes dirigieron las primeras investigaciones del caso en Lomas
Taurinas, en Buenos Aires Sur, donde vivía Mario Aburto Martínez y en otros
operativos que se realizaron aquel 23 de marzo de 1994 en esta frontera.
Iniciados en la “vida pública”, tras dejar la adolescencia en los 80s, los
hermanos Arellano Félix, empezaron a hacerse notorios en esta frontera y en
la entidad, por la violencia que empleaban para mantener su supremacía en
la “plaza”, lo mismo que para quitar del camino a rivales en amores o a
personas que simplemente les incomodaban o les “caían gordos”.
A mediados y a fines de esa década, los tijuanenses empezaron a
escandalizarse por el involucramiento de apellidos conocidos en víctimas de
sonados crímenes. Después empezó a hacerse costumbre hasta que llegó
el año de 1993 cuando una terrible balacera ocurrida en la zona de La
Mesa, frente al “Mercado de Todos”, puso a los ciudadanos en perspectiva
de lo que ocurría en el llamado mundo “subterráneo” donde se movía la
delincuencia.
De esta forma, llegó marzo de 1994, entre problemas de violencia en otros
lugares del país, nunca tan sensibles como el asesinato del cardenal Juan
Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto de Guadalajara Jalisco, donde
tanto la víctima como los victimarios, tuvieron y tenían relación con Tijuana.
Previamente, en 1992, también en Jalisco, aunque en esta ocasión en una
discoteca de Puerto Vallarta, otro cruento enfrentamiento a balazos,
evidenció a los narcotraficantes del cártel que ha operado en Tijuana,
viajando, disfrutando y peleándose por todo el país.
Ese era el panorama en 1994 cuando a esta frontera llegó la campaña
presidencial priísta, antecedida por fuertes enfrentamientos políticos y hasta
rumores en el sentido de que “algo” le pasaría a Colosio, quien no llegaría a
ser presidente, sino que ese lugar lo ocuparía, como finalmente ocurrió, el
ahora ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.
Sin embargo nadie y mucho menos los priístas esperaban que si algo
ocurría al abanderado tricolor, eso fuera precisamente aquí, donde la
violencia era creciente y la presencia de un Cártel de las drogas,
incrementaba en poderío, complicidades, tolerancia y protección
gubernamental y policiaca.
Pero para desgracia de los priístas, primero; los bajacalifornianos después
y los mexicanos, finalmente, el abanderado tricolor fue ejecutado a
mansalva, por un individuo –se dijo- llamado Mario Aburto Martínez, en una
plaza –ahora de La Unidad y la Esperanza- repleta, de simpatizantes y
amistades, que al final de cuentas “no vieron nada”.
Arrancan al estado las investigaciones
Las investigaciones que inicialmente realizó la Procuraduría de Justicia de
Baja California, inmediatamente le fueron arrebatadas a la autoridad estatal,
ya que el entonces Procurador General de la República, Diego Valadez, no
confiaba en el fiscal de la entidad ni mucho menos en su policía.
Esto fue confiado por el entonces gobernador de Baja California, Ernesto
Ruffo Appel a la autora de este artículo. Valadez no soportaba al licenciado
Juan Francisco Franco Ríos, al que vinculaba con los grupos de
narcotraficantes
–comentó el ahora ex mandatario- muy seguramente por las credenciales
firmadas por este personaje, que les fueron encontradas a los
narcotraficantes en la discoteca Christine de Puerto Vallarta, en 1992, que
primero se dijo que eran ofíciales y luego apócrifas.
Por eso, dijo Ruffo, el Procurador Franco Ríos no estuvo en la lectura que el
abogado Valadez hizo del boletín de prensa, la mañana del 24 de marzo en
las oficinas de la PGR, a un día del crimen del sonorense.
“Hizo un gran coraje cuando una noche anterior, llegó a mi oficina en la zona
del Río y encontró a Franco esperando y haciéndose un café”, comentó el
ensenadense.
Según lo que en esa ocasión confió Ruffo Appel, a la periodista, Diego
Valadez, entró a sus oficinas, recién llegado de la ciudad de México, como
“tromba” y colérico le gritó ¡otra vez su policía!
En ese momento, dice Ruffo, sintió que “el mundo se me venía encima” y le
trató de explicar lo que se llevaba hasta ese momento, temeroso de que por
lo ocurrido, el gobierno federal lo fuera a acusar formalmente. Ahí Valadez
exigió que Franco Ríos no se le pusiera enfrente en ningún momento y
reiteró que se harían cargo de las investigaciones.
De esa forma, la entonces llamada policía judicial federal, sin ninguna
experiencia en investigaciones de homicidios, inició las indagatorias,
teniendo al frente al comandante Adrián Carrera Fuentes, el cual recibió al
detenido e hizo cateos en las casas de Aburto y sus familiares, ubicadas en
Buenos Aires Sur la primera y Buenos Aires Norte, la de los segundos.
Carrera “protegido” por sicario del cártel
Sin embargo, la “cabeza” de Adrián Carrera Fuentes, tenía “precio”.
Personas que vivieron esos hechos, lo confiaron en algún momento, a la
redactora, como parte de una historia que no ha terminado de escribirse con
relación a este crimen que algunos llaman “de Estado”.
Carrera Fuentes, según esas versiones, tendría tratos con los hermanos
Arellano Félix, pero un episodio no narrado, provocó el enojo de Benjamín
Arellano, quien decretó su muerte.
Ya antes, según se dijo, tras los hechos violentos de 1993 frente al “Mercado
de Todos”, el cártel había decidido cobrarse la factura con las autoridades
federales que llegaron a esta ciudad para iniciar las investigaciones de esa
matanza, donde murieron lo mismo agentes federales, que estatales y
narcotraficantes.
De igual forma vino a Tijuana el Procurador General de la República y se
entrevistó con las autoridades estatales en otra violenta audiencia. Se daría
conferencia de prensa y el Procurador se hospedó en un hotel muy cercano
a las instalaciones de la PGR. Sin embargo la conferencia se canceló.
Pero lo más importante y también dicho por estas personas, es que de igual
forma se canceló una emboscada que se había preparado para asesinar a
quienes estaban en ese hotel, no importando las repercusiones. No se
sabe si ahí se encontraba Carrera Fuentes, por quien Benjamín daba
significativa recompensa.
Sin embargo, como los vaivenes de la política, también existen cambios de
pareceres entre los delincuentes. Tal parece que finalmente Carrera
Fuentes resolvió sus problemas con los narcotraficantes y Benjamín le
perdonó la vida.
“Pero la orden ya estaba dada y cualquiera, donde lo encontrara lo podría
ejecutar, por eso, Benjamín envió a uno de sus sicarios más cercanos; un
hombre que pasaba totalmente desapercibido pero que sin embargo era
bien conocido entre los hombres del cártel”.
Se dijo que con sólo verlo a su lado, se entendía perfectamente que el
director de la policía judicial federal gozaba de protección, pero sobre todo
del perdón de quien dirigía el Cártel. Y eso era importante en este momento,
en que el jefe de la judicial federal estaba en Tijuana, con motivo del artero
crimen del candidato.
Fue de esta forma que cuando Adrián Carrera Fuentes, tiró a patadas la
puerta de la casa donde vivía Aburto, el primero en entrar y en revisar
papeles y documentos junto con los federales, fue el sicario de los
hermanos Arellano Félix.
Este dio fe de lo que se encontró ahí, del famoso baúl donde se dice que
estaban los dibujos y el libro del “Caballero Águila” de Aburto y también fue
testigo de la forma como fueron sorprendidos en su casa, la mamá y
hermanos de Aburto, los cuales fueron interrogados y llevados también a las
instalaciones de la PGR para confrontarlos con el presunto homicida.
A Carrera Fuentes, posteriormente se le vinculó, por investigaciones de la
misma PGR, con Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielos”, en tanto
que las “investigaciones” del caso Colosio, se enredaron cada día más,
para mantener a 14 años de distancia, la tesis del “Asesino Solitario”.


